Boca, Riquelme, la historia y seducción del Titanic

(ESPECIAL POR ADRIÁN FREIJO) La renuncia de Mario Pergolini es solo la punta de un iceberg que puede hundir al transatlántico Boca, ese que se suponía incapaz de naufragar y sin embargo hoy tiene un rumbo abierto.
Mario Pergolini y Jorge Ameal no harán historia en Boca, más allá de la momentánea realidad institucional que los ha tenido como protagonistas. Ninguno de ellos convoca la pasión del hincha, ninguno ha perforado la red adversaria en un partido determinante y como tantos otros tienen una mirada que se posa en un Boca a su medida sin darse cuenta que es imposible que ojo humano alguno pueda abarcar la grandeza de una institución que por más de un ciclo ha enamorado a millones de personas, trascendido al mundo y logrado que la palabra pasión se incorpore como parte del ADN de su vida cotidiana.
Y no deben sentirse minusvaluados por ello; otros que ocuparon su lugar fueron protagonistas de momentos gloriosos de la historia xeneixe pero nunca pudieron apropiarse de ella.
No lo logró Alberto J. Armando, el legendario «Puma» en cuyo honor lleva su nombre la Bombonera y ni siquiera Mauricio Macri, presidente de la etapa más gloriosa del club que sin embargo nunca consiguió que la hinchada le reconociese como parte fundamental de aquellas glorias que hoy tanto se extrañan.
Cuando el centenario boquense, habiéndose saneado las finanzas del club y convertido como estaba en una de las instituciones más sólidas del mundo, consagrado deportivamente como multicampeón nacional e internacional, el estadio entero silbó el nombre de Macri, el hombre que había hecho todo eso posible.
Y es que el hincha es algo muy especial, como lo es el argentino que suele idolatrar a quienes lo empujan al fracaso constante, le miente, le prometen en vano y sin embargo solo reciben apoyo, muestras de afeco y votos. ¿Porqué íbamos a ser distintos cuando de fútbol se trata?.
Ese fanático es capaz de glorificar a Juan Román Riquelme y hacerlo protagonista de logros que lo tuvieron como actor de reparto -en las consagraciones continentales del club tuvieron más injerencia las manos de Oscar Córdoba o del «Pato» Roberto Abbondancieri en las series de penales que las recordadas jugadas de Román- y si fue protagonista absoluto de la consagración del año 2007 y de la derrota del 2012 en manos del Corinthians brasilero cuando demolió el ánimo de sus compañeros al anunciar, antes de salir a la cancha, que «estaba vacío» y había decidido dejar el fútbol.
Hombre difícil, limítrofe con el resentido, generó problemas y salidas traumáticas en todos los equipos por los que pasó. Lo hizo en Boca, pero también en el Barcelona y luego en el Villareal. Incapaz de convivir con quien no se someta a sus caprichos Román solo se ha rodeado de incondicionales que lo acompañan en aquello de elegir quien tiene derecho y quien no a desarrollar en paz su carrera en los planteles que comparte.
Así por ejemplo, y pese a haber logrado darle a Boca su primer campeonato invicto en más de un siglo de historia, Riquelme dispuso un día eyectar de su banca a Julio César Falcioni y no dudó para ello en poner a la hinchada en contra del DT.
Quería que volviese Carlos Bianchi y lo logró. Una vez en el club el viejo entrenador de las horas más gloriosas Román hizo la vista gorda ante los groseros negocios de Mauro Bianchi, hijo del coach, quien representaba jugadores de bajo nivel y que de la noche a la mañana se encontraron jugando en el primer equipo de Boca Juniors. En ese momento, envalentonado por su triunfo, poco le importó al 10 la pésima campaña de su equipo ni atinó a decir nada ante la maleza que invadía «el patio de su casa».
Desde que llegó a la vicepresidencia del club todo lo que se ha generado en su entorno son problemas, salidas de valiosos jugadores que se fueron sin dejar un solo peso al club y conflictos de todo orden generados por sus colaboradores más cercanos y de los cuales Riquelme suele tomar la distancia del silencio. Y en apariencia detrás de un único y obsesivo objetivo: lograr la salida de Carlos Tévez, de quien no soporta que la gente lo distinga con el amor a un ídolo que en algún punto le disputa esa exclusividad enfermiza de la que él quiere disfrutar.
Odió a Martín Palermo porque el hincha de Boca lo amaba tanto como a él, se enfrentó al propio Diego Armando Maradona porque para el club era siempre la opción primera, se fue pegando un portazo del seleccionado porque no podía entender que el técnico analizase como encajar su juego como complemento del de Lionel Messi y no al revés. Nunca aceptó que alguien brillase en su cercanía y nunca fue capaz de entender que Boca, Barcelona, Villareal o la Selección Nacional estaban por encima de sus caprichos y su sicopática autoestima.
Y hoy Boca está en sus manos y se dirige sin pausa, pero con más prisa de lo aconsejable, hacia ese iceberg contra el que chocará su historia, sus envidiables finanzas y sobre todo el orgullo de ser una institución reconocida en el mundo entero.
Porque ese Juan Román Riquelme al que todos admiran como jugador convive con el otro, el que terminó rápidamente su derrotero internacional cuando la sentencia del técnico Manuel Pellegrini y la del presidente del Villareal Fernando Roig pusieron en blanco sobre negro lo que callaba Mauricio Macri y dejaba trascender el titular del Barcelona Joan Gaspart, tal vez el dirigente más decepcionado con el talentoso argentino al que había ido a buscar, cuidó y protegió, para recibir solo conflictos como respuesta.
«Riquelme, con su calidad, podía jugar hace 30 años, hace 20 años, hace 10 años y puede ahora, donde él quiera. Riquelme no era uno de los mejores jugadores, no era un top porque tenía otros problemas. En ese momento tenía falta de madurez. Quería ser el número uno y hacía estupideces» dijo Pellegrini, para concluir sentenciando que «Román es un líder negativo».
«Riquelme pensó que podía estar por encima de Villarreal», describió Roig en el momento de aceptar la decisión del DT de separarlo del plantel y prohibirle el ingreso a las instalaciones del club.
La idolatría del los hinchas -demostrando una vez más que las mayorías no siempre aciertan- y la mediocridad de todos los que lo rodean, incluido un técnico sin personalidad, sin voluntad y seguramente en retirada de todo lo que tiene que ver con el fútbol moderno, lo han puesto ahora en el lugar soñado para sus delirios de grandeza: los que están con él se quedan, los que no se van.
Nada podrá empañar su historia futbolística, la magia de sus jugadas y el talento desplegado dentro de la cancha. Pero es que en una posición dirigente debería sobresalir su capacidad para conducir, resolver y mantener la unidad del conjunto…algo que nunca fue su fuerte y ni siquiera su preocupación.
¿Y Boca?…Boca es el patio de su casa, y todos sabemos que el patio no es la parte más importante de una vivienda.
¿Se entiende?…

Powered by keepvid themefull earn money