Mercedes Morro: Una vieja deuda que la democracia debe comenzar a pagar

 Cuarenta años después del retorno de la vida democrática tenemos que preguntarnos en que hemos fallado para que las cosas estén como están hoy.

El regreso de la Democracia, luego del último y terrible Golpe de Estado de 1976,  está por cumplir 40 años sin poder dar respuesta a aquellas problemáticas, que ilusionados soñamos allá por 1983; cuando aún siendo opositores al Gobierno del Doctor Alfonsín sentíamos de corazón esa frase que el viejo dirigente radical nos repetía del balcón de la Casa Rosada: “…Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura…”.

Hoy, con índices crecientes de pobreza, con la educación en crisis y con el sistema sanitario colapsado -más allá de lo producido este año por la pandemia- volvemos en el recuerdo sobre nuestros pasos y nos preguntamos nuevamente: ¿en qué nos equivocamos?, ¿qué pasó para que la clase política tenga una agenda tan distinta a la de nuestra sociedad?.

Mientras en el Congreso se debate sobre reforma judiciales, reparto de fondos o formas de bajar el gasto social;  mientras opositores de los estados nacionales, provinciales y municipales mantienen la bandera de “cuanto peor mejor”, algo que aquí en Mar del Plata observamos cotidianamente, qué tanto mal le hizo a nuestro país, por un simple rédito político; la pobreza aumenta y aquel sueño de pleno empleo  es un sólo un bello recuerdo en la memoria algunos que tenemos los años suficientes para recordarlo.

Por eso estamos obligados a preguntarnos: ¿falló la Democracia?…

Muchos creemos que no; pero sabemos que existen  fallas en las formas de elección que dañan profundamente el sistema democrático y de participación política en la ciudadanía. En la práctica, las estructuras partidarias tradicionales y el sistema electoral someten a la ciudadanía a la imposibilidad elegir entre diversas propuestas políticas y limitarse a “optar” entre los candidatos de aquellas fuerzas con mayor poder territorial, mayor estructura y poder económico; generando una crisis de representatividad y descreimiento general sobre aquellos que tienen responsabilidades políticas.

La lista sábana, la ausencia o robo de boletas, el voto en cadena y los “errores” de la fiscalización son una pared infranqueable para aquellas fuerzas minoritarias que pudieran brindar un mayor representatividad popular y cierto aire fresco a la vida de los parlamentos locales, provinciales y nacionales.

Es por eso, que en tiempos de debates electorales debemos poner sobre la mesa nuestros mejores recursos para asegurar la mayor transparencia y pluralidad posible en nuestro sistema democrático;  ya sea implementando la boleta única o voto electrónico, y especialmente separando las elecciones locales de las nacionales.

Solamente así podremos lograr aquella democracia que alguna vez soñamos.

(*) La autora de la nota es Concejal en el Partido de General Pueyrredón y Presidenta del Partido Tercera Posición en la Quinta Sección Electoral.  Es Secretaria General de la Unión de Trabajadores Gastronómicos y Hoteleros de la República Argentina Seccional Mar del Plata. También se desempeñó como Secretaria Adjunta de la CGT Local Secretaria y como Directora del Centro de Estudios y Formación Ramón Carrillo de la ciudad de Mar del Plata.

                                                                                                             Mercedes Morro

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