Pochoclos y panqueques

Ahora aparecen. De pronto. De la nada. Los misteriosos responsables de las clases perdidas. Enarbolando banderas de prioridades fraudulentas. Como si hubieran estado cuando salíamos a denunciar lo que estaba pasando. Como si hubieran cumplido sus obligaciones de funcionarios públicos acompañando los reclamos. Como si al menos hubieran puesto las caras.

Ahí están ahora. En las redes sociales, en las radios, en la tele. Hablando de la vuelta a clases, mostrando premura, tratando de arrancar un par de hojas de algún árbol para emular los laureles que no han querido conseguir. Funcionarios de turno, cómplices del silencio. Miserables. Dando declaraciones casi por primera vez, después de meses de escuchar nuestros gritos en silencio.

Mientras los chicos perdían clases, y nadie nos decía mi cuando, ni cómo ni dónde.

Compraría pochoclos y me sentaría a ver lo que hacen, o lo que van a hacer. Porque son de manual.

En primer lugar, quisiera saber que van a hacer los y las docentes que mantuvieron silencio ante la falta de clases, ahora que vuelven.

Los que cambiaron de tema, los que mintieron, los que aprovecharon la oscuridad de la virtualidad para maniobrar en asambleas infames. Los que tomaron varios cargos a la vez, los que no pensaron en sus alumnos. Los que estafaron y eligieron la mentira.

Y de todos ellos, quisiera saber especialmente que van a hacer las y los docentes de educación especial. Que nunca, en ningún medio, salieron a hablar.

Con los pochoclos en la mano, me gustaría que esos docentes me explicaran en detalle cómo trabajaron la virtualidad con un estudiante sordociego, cómo contuvieron crisis disruptivas a través de la pantalla, cómo evitaron que los chicos se golpeen, o cómo le enseñaron virtualmente a un chico con TEA.

Y si no les fue posible, quisiera ver donde denunciaron, ante quien. Quisiera ver que hacen ahora. Cómo les va a dar la cara para volver al aula sabiendo que no han peleado por ellos. Sabiendo que no han alzado la voz, que no han exigido el cumplimiento de sus derechos.

¿Sentirán la vergüenza que yo siento mientras escribo?

También quiero ver qué hacen los gremios, que son cómplices de cada acto de injusticia cometido contra cada uno de los estudiantes que mantuvieron lejos de las aulas. Movidos por intereses económicos, en defensa de sus ideales chiquitos y poco nobles. Quiero ver que hacen. Que piensan. Que dicen.

¿Piensan en los chicos?

Quiero ver que hacen los Consejeros Escolares. Pero no los que estuvieron. Quiero ver que dicen los que se mantuvieron fuera de la línea de pelea, lejos del conflicto. Intentando salvar intereses propios en lugar de los de la comunidad que representan.

¿A quiénes representan?

Quiero ver que hacen las y los funcionarios que eligieron otras batallas, que se escondieron detrás de sus escritorios y que cambiaron de tema. Los que no acompañaron los reclamos, y peor aún, los que acompañaron los reclamos para las fotos solamente.

¿Saben lo que causa la indiferencia en los demás?

Quiero ver que dicen, que hacen. Como les da la cara.

No deberían ponerse tan rápidamente ninguna capa de vuelta a clases sin pedirnos disculpas a toda la sociedad. Por habernos dejado solos. Por habernos hecho pasar por locos y mendigar educación mientras no invertían, mientras no se preparaban, mientras esperaban que rápidamente todo pasara.

Deberían empezar a hablarnos en serio. Poner las cartas sobre la mesa, explicar lo que sigue y no esconderse detrás de números de infectados y vaivenes que no logran explicarse con sentido común.

Deberían decirnos qué piensan hacer con la educación. Porqué no es esencial si la educación debe ser la primera certeza.

Yo leo a través de la pantalla de mi computadora cómo se pasean por los medios quienes han elegido quedarse callados todo el año. Mientras me pregunto seriamente, con qué cara miran a sus hijos. A sus sobrinos, a sus nietos. A sus alumnos.

Los invitaría a verse a sí mismos a través de mi pantalla, les preguntaría si no les da vergüenza, si no tienen algo para decir, y mientras lo piensan, les ofrecería algo para comer, cosa que no les caiga demasiado mal lo que ven.

Pero pochoclos no, son indigestos.

Quizá estén más acostumbrados a comer panqueques.

                                                                                                     Mónica Lence

(Fotos ilustrativa)

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