La agonía de las lanchas amarillas

Se perdió la hermosa imagen de los pescadores cociendo sus redes los sábados por la mañana, o esa locura de los meses de octubre o noviembre cuando la anchoíta y el magrú en sus tachos de metal, copaban la descarga de la Cooperativa.

Las lanchas le transfirieron sus permisos de pesca a empresas que los acumularon para construir barcos mas grandes, y con esa trasferencia sepultaron la postal de Mar del Plata, que a pesar de todo, sigue mostrando algún rincón de la banquina con vida.

Hace unos pocos días Luis Mario Ignoto, dejo la Sociedad de Patrones Pescadores en manos del Vicente «Lobo» Galeano. Ignoto también vendió la lancha que era de su padre (La Rondine) en un último intento de no «perderlo del todo».

Hace algún tiempo, en una charla que mantuvimos con el «Lobo» en Destino Puerto Radio, por el conflicto con Prefectura por la doble balsa, nos dijo que «no iba a vender su lancha por que amaba lo que hacía, siempre había hecho lo mismo y no sabía hacer otra cosa». Fue la muestra del amor de un pescador para con, lo que entiende, es la extensión de su propio cuerpo (su lancha).

Pasan los años, pasan las generaciones, llega la tecnología y la modernidad y las cosas que alguna ves fueron el orgullo a mostrar, la marca registrada, la foto que identificaba esta ciudad, va desapareciendo lentamente junto con la vida de sus protagonistas.

La banquina era el lugar que todo turista debía conocer. Si contaba que había estado en Mar del Plata, debía mostrar una foto con los pescadores, con las lanchas y los lobos.

Esos mismo lobos marinos que hoy, han copado la banquina como de su pertenencia. Ya no hay camiones, carros, tractores, cajones, vendedores y compradores. Se apagaron los gritos y las luces de una banquina productiva. Lo que era el Galpón de trasvase, se convirtió en un paseo de compras, donde se venden cosas «extrañas» a la banquina. Salvo algún carnalito frito, todo lo demás , no es de la banquina ni de sus lanchas.

Hoy solo, la persistente voluntad de unos pocos, puede dar muestra de que en verdad existieron, que fueron la imagen de la prosperidad llegada desde el mar.

Roberto Pennisi, pudo plasmar en un video subido a las redes, a don Venerando Ignoto (padre de Luis) contando como era la banquina. Recuerda, en su «Argentano» que en el año 1948, con un mes de trabajo de su lancha «La Rondine», se vivía todo el año. Claro, eran los inmigrantes que venían de la post guerra europea, y habían llegado a una Argentina encaminada a convertirse en una potencia mundial – según sus propias palabras.

Venerando Ignoto en su lancha Rondine

Alguien podrá decir que no es un escenario solo argentino y marplatense, que en el mundo la pesca artesanal esta desapareciendo y la reemplaza la pesca mas industrial.

Podrán hacer seminarios y mostrar como cambia la pesca en Chile, en Perú o en Ecuador. Explicar técnicamente de que se trata la modernización de la flota o como agiornarse a una pesca con gamones.

Podrán explicar de mil formas, que la pesca artesanal, que por años fue sustento económico y alimenticio de miles de familias marplatenses cayo en manos del modernismo industrial.

Podrán explicar sobre ecosistemas marinos o del cambio climático. Sobre la biomasa o sistemas selectivos.

Seguramente habrá alguno que hará una evaluación economicista del tema y dirá que la transferencia de los permisos de pesca que poseían las lanchas, pasaron a unificar bodegas en buques mas grandes y eficientes; y seguramente sea verdad.

Lo cierto será que el daño que le produjeron a la pesca nunca fue culpa de las Lanchas Amarillas.

Pero hay algo que no se compra ni se vende. Que no tiene un valor en moneda de ningún color ni nacionalidad. Hay algo que no contamina y por el contrario purifica y enriquece. Hay algo que fue forjado con las arrugas, lo callos y las canas de muchos y la vida de otros tantos.

Hay algo que todavía queda en el corazón de esos pocos que resisten el olvido. Hay algo que aquellos que no nacieron y se criaron recorriendo esa banquina no van a entender jamás.

Se llama «IDENTIDAD». Las Lanchas Amarillas cincelaron como grandes escultores la IDENTIDAD de muchos de los hijos de inmigrantes italianos, españoles, y de otras nacionalidades, que crecieron identificándose con la Banquina y sus habitantes amarillos.

A la pesca marplatense, no la hicieron 4 o 5 familias con barcos congeladores, Tangoneros ni Poteros, la hicieron miles de familias que pescando, procesando, descargando y hasta cocinando la mostraron al mundo.

Cocer las redes oficio que pasa de padres a hijos

Este será el segundo año consecutivo que no se realizará la «Fiesta de los Pescadores«. Sin lugar a dudas otro de los grandes símbolos de la Mar del Plata que conocimos. La banquina, otro año mas, seguirá en silencio, habitada solo por algunos lobos marinos, y esos pocos héroes que quedan, defensores de lo nuestro.

A ningún funcionario parece interesarle que la fiesta no se haga. Durante años «operaban» para estar presentes en la ceremonia de inauguración, en la «colada» de fideos o en cierre de la fiesta. A ningún funcionario – desde hace muchos años – le parece interesar la agonía de las Lanchas Amarillas. Hoy no hay oídos para responder a ese grito silencioso que el orgullo de pescador esta dando.

Defendamos lo que queda, por que es defender a nuestros hijos; a nuestros padres y abuelos; a nosotros mismos por que en definitiva es defender nuestra historia y nuestra cultura.

ES DEFENDER NUESTRA IDENTIDAD

Ricardo Alonso

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