“La rebelión de los mansos”

“Llegará el momento en el que entenderemos que ser ciudadanos es más que poner un voto en la urna cada 2 años; llegará el momento en el que cuidaremos nuestra Patria tanto como cuidamos nuestra casa, porque eso es lo que es nuestra Argentina, es nuestra casa grande. Si no dictamos nosotros las reglas que se han de aplicar y respetar en nuestra casa/patria, serán los parásitos de siempre los que nos impongan las suyas”.

Rogelio López Guillemain

Hablan de “La rebelión de los mansos”. Un poco haciendo mención al título de la novela de Rogelio López Guillemain publicada en el año 2016, donde se describe un movimiento pacífico y opositor al avance de la política sobre los derechos de las personas y sobre su privacidad. Y otro poco acerca de lo que estamos viviendo.

En algún sentido, esta idea de rebelión intentan relacionarla a la silenciosa acción de los marplatenses que deciden avanzar sobre las imposiciones de un sistema de fases que no parece tomar en cuenta las particularidades de cada territorio, sus matices, sus necesidades.

Rebelión como si se tratara de un levantamiento, como si fuera sinónimo de afrenta o resistencia a la autoridad. Como si no fuera algo más profundo y alejado de esas connotaciones maliciosas que le quitan peso a lo que realmente está pasando.

Detrás de “La rebelión de los mansos”, se encuentra, casi como preludio evidente “El cansancio de los buenos”. Libro que fue escrito por Roberto Almada unos años antes, en el 2013, donde decía lo siguiente: “Hay algo universal en el sufrimiento que hace que quienes lo padecen se encuentren en una comunicación profunda más allá de las variadas causas de los padecimientos, físicos, morales o espirituales”.

Hay algo universal en el sufrimiento. Algo universal e inevitable que establece lazos silenciosos entre los que lo padecen y se derraman hacia quienes son rozados por esto.

¿Cómo hace un marplatense, para no sentir un profundo vacío al caminar por la Peatonal un domingo a la mañana? O para ver la sucesión de vidrieras donde se repite el mismo gris de los negocios cerrados.

¿Cómo hace un marplatense para mirar a los ojos al dueño del café, que desde la barra mira sin ver, frente al silencio de la puerta que no le dejan abrir?

Cómo se hace.

Cómo se hace para ser indiferente a la impotencia del vendedor ambulante, del comerciante, del empleado del instituto de danza, del dueño del gimnasio. Del natatorio, del chofer de la combi.

Cómo se hace para ver los hoteles tapiados, sin gente, en una ciudad contradictoria y llena de luces y de sombras.

Cómo se hace frente a una ciudad con el 26 por ciento de desocupación para quedarse callado. Con las escuelas sin alumnos. Con la justicia paralizada. Con la mentira instalada. Sin un mapa que anticipe a dos semanas, a tres días, a seis horas. Sin un norte.

Hablan de rebelión de los mansos sin hablar del cansancio de los buenos. Que son los únicos que salen en silencio a convertir las frases en acciones. A intentar vencer con trabajo, los desaciertos de quienes deciden, con imposiciones incoherentes, convertirlos en rebeldes. Benditos sean los mansos. Benditos sean los buenos.

   Mónica Lence

 

 

 

 

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