Martin Monita: La pandemia y yo

EL DESAFÍO DE NO AISLARSE EN EL AISLAMIENTO. 

Hace unos 20 años que estoy ligado al mundo de la comunicación. Aunque debo confesar que saber diferenciar entre lo que es trabajo y vida personal, no es algo tan fácil de identificar. Será por eso que en este tiempo en donde la humanidad tuvo que aislarse para preservarse como especie, nos reinventamos para seguir en contacto con el otro, porque naturalmente sentimos la necesidad de reunirnos y comunicarnos.

La esperanza por la llegada de una vacuna contra el coronavirus, es a su vez un motivo para seguir creyendo en que una vez superada esta “nueva normalidad” tan sólo sea recordada como un momento específico de nuestras vidas, como una historia que se cuenta entre amigos en una charla de café, sin barbijos ni distancia.

Pero mientras tanto, debemos transitar este último tramo del 2020 lo mejor que podamos, porque cumplir con el aislamiento es hoy la única barrera contra este enemigo silencioso e invisible, que sólo se hace notar en los reportes diarios de salud, esa suerte de aviso parroquial en el que nadie quiere aparecer.

Desde mi rol profesional puedo advertir cómo esta pandemia tomó por sorpresa a muchos que pensaron en la virtualidad como algo ajeno y que hoy, los obligó a insertarse en el mundo digital paradojalmente para no quedar aislados en el aislamiento. Trabajar, estudiar y entretenerse por internet pareciera ser casi un dogma para poder vincularse con ese afuera que antes recorríamos con los cincos sentidos y que ahora vemos detrás de una pantalla.

Como en toda crisis, por más duras que sean, también surge el camino de las posibilidades encontrando en el ingenio local una fuerza creativa como pocas. Por algo los argentinos son tan requeridos en el mundo. En este tiempo, hemos presenciado el nacimiento de nuevas ideas, muchas analógicas y otras tantas digitales, porque en ese equilibrio convive la adversidad que nos atraviesa.

Y lo bueno quedará. Maestros dando clases a distancia por ZOOM, a través de una radio o hasta por Whatsapp. Personas mayores familiarizándose aún más con la tecnología, entendiéndola como parte de su época, aunque aquí bien cabría su frase de que “todo tiempo pasado fue mejor”. De recibir la vida con un cumpleaños a despedirla con la pérdida de un familiar o amigo, este virus no conoce de la importancia que los detalles, las caricias y los gestos tienen para las personas, porque no sólo las palabras llenan espacios.  

La falta de comunicación fue el talón de Aquiles de esta nueva era. Y bastaron solo algunos meses para darnos cuenta de lo trascendental que resultaba saber comunicarnos, estar conectados y achicar la brecha digital. Esta es aún una deuda pendiente que con medidas certeras comienza a saldarse.

Hay daños que el COVID-19 produjo que son irreparables y hay otros, que uniendo esfuerzos entre lo público y lo privado, se pueden subsanar. Ese es el principal objetivo que hoy debemos comunicar y hacerlo de todas las formas posibles para que lo que se contagie, sea la buena energía de todos. 

Por Martín Monita

(Delegado ENACOM Mar del Plata, director Agencia MONITA)

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