La puta que valió la pena… Gracias Dios!!!

Tres meses ya han pasado de cuarentena y el sol sigue saliendo… Ha sido un tiempo, al menos para quien esto escribe, para acomodar detalles de la vida cotidiana. Desde temas materiales, recorriendo estados no pensados antes de aquel 20 de marzo y llegar a este presente, donde hasta anduvimos por la banquina. Y aquí estoy. Hoy a más de 90 días con  una retrospectiva de mi vida, que me hizo transitar por momentos agradables, desagrables, felices, tristes. En fin, todos los estados anímicos posibles.

Y en ese tránsito por este cuarto de año reí, lloré, me emocioné, me enojé. Pasé por varios momentos anímicos lindos y feos, y aunque suene raro, luego de todo ese tiempo me volví más humano, o quizás volví a ser lo que alguna vez fui y me había olvidado.

Pude separar la paja del trigo. Y luego de algunos dolores internos, me di cuenta que a lo largo de mis más de las seis décadas vividas , he sido feliz, pero no me había percatado de ello.

Ha sido también un tiempo de balance. Tanto desde lo  personal, lo profesional y hasta económico. Y este último, sin duda, no ha sido nada grato. Pero ¿Qué valor tiene lo “numérico” si no tenés salud? . Uno generalmente se miente con el pretexto que se preocupa por trabajar y trabajar, ya  que tenés obligación de cuidar (léase familia, empresa, etc). Hay cierta razón, pero ¿es toda?  Nó.

En estos 90 días me ha ratificado que ni con todo el dinero del mundo podes comprar la Felicidad. Para eso no hay mercado donde encontrarla,  sin darme cuenta que hace muchos, pero muchos, años me venía acompañando. Sucede que estaba tan apurado por vivir y llegar a ser, que me olvidé de disfrutar de esos pequeños grandes momentos con los que vas edificando tu existencia.

Hasta marzo mi prioridad era conocer el mundo. Sí, literal. Volver a viajar. Ver y compartir otras culturas, y si bien sigo soñando con poder hacerlo antes de partir del mundo de los vivos; hoy quiero volver a tener esas charlas perdidas con amigos, familiares, compañeros de estudio, conocidos. Saber de ellos. Qué paso en todos estos años de “ausencia” tanto física como mental.

Necesito, post pandemia, esos apretones de manos sinceros, esos abrazos, esos besos amistosos que nos dábamos y que eran la sabia que alimentaba mi ser, los que seguramente tardarán en retornar por cómo cambiará el mundo.

Quiero honrar a esa FELICIDAD (con mayúsculas) que ignoré por largo tiempo y pedirle mis más sinceras disculpasDisfrutar de las cosas simples. De una charla café, o de un vino, o  de una mesa bien servida.

Disfrutar conmigo mismo de esas caminatas bajo la lluvia que me encantaban y que a lo largo de muchos años por vivir apurado, dejé de lado. 

No tengo dudas que esta larga cuarentena nos quitó mucho y hasta sufrimos más algunos temas puntuales (en mi caso no poder abrazar y llenar de besos a mis nietos), pero nos devolvió paradójicamente el ayer. Ese que nos forjó como personas.

Ese ayer que, como decía, con sus alegrías y tristezas nos mostraba que la vida la vivíamos, no la corríamos, como últimamente lo venía haciendo.

Felizmente me doy cuenta que todo pasa y que todo llega.

La pandemia me quitó mucho, pero me devolvió el tesoro más preciado: saber que estoy vivo!

La puta que valió la pena. Gracias Dios!!!.

                                                                                                        Miguel Avellaneda

 

 

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