Lucas Fiorini: Respetar nuestra realidad para reactivar la ciudad

Es preocupante que Mar del Plata sea asimilada automáticamente al AMBA por el gobierno provincial cuando se establecen restricciones sin tener en cuenta las diferentes realidades sanitarias. Sin consideración por las particularidades locales, sin darse políticas específicas de acuerdo a cómo evoluciona cada comunidad, sin animarse a compartir responsabilidades con quienes viven en el territorio es muy difícil que no se haga daño. Trabajar con todos es incluir, escuchar y respetar, sino es sólo una frase hecha.

Las decisiones hay que tomarlas de acuerdo a lo que aquí sucede y no que dependan de lo que acontece a más de 400 km. de distancia. El desafío de la pandemia que vive el mundo es un proceso nuevo y por tanto desconocido, con una gran dosis de incertidumbre y por ahora sin respuestas taxativas, lo cual exige de manera particular humildad y sapiencia, y eso incluye escuchar, considerar las situaciones particulares, intentar darles salida y si algo se complica corregir. Pero debemos evitar tironear comunidades grandes como la nuestra al compás de peleas partidarias, que sólo buscan llevar agua para un molino determinado: esa actitud no ayuda al bien común, termina hundiendo a todos.
Indiscutiblemente la situación es nueva y es difícil el lugar de quienes tienen que tomar decisiones: no hay precisiones ni recetas generales. La prioridad con respecto al cuidado sanitario, a la importancia de preparar el sistema para evitar un colapso que ponga en riesgo vidas que bien atendidas no serían afectadas, es comprensible e incuestionable.

Pero también es cierto que tomarse un tiempo para prepararse y evitar la circulación masiva y simultánea del virus no es sinónimo de paralizar todo por demasiado tiempo, porque eso tampoco es sustentable a mediano plazo. Está lleno de actividades que necesitan reanudar porque si no van a quedar en el camino, y que pueden activarse con recaudos y protocolos serios: no hacerlo es trabajo e ingresos básicos que se pierden, es paralizar la posibilidad de una recuperación rápida y sólida cuando pase la pandemia, es aumentar los índices de pobreza, es dejar marginados y sin salida a demasiados conciudadanos.

La economía cotidiana de una comunidad es diversa y frágil, y por eso necesita cuidados. Es una múltiple biodiversidad, por tanto es un valor en sí mismo y la riqueza surge de ahí: ella permite el surgimiento de más actividad, de más vida, pero si se afecta por intervenciones bruscas y permanentes tarda demasiado en recuperarse y deja en el camino infinidad de nichos especializados y labores legítimas.
Necesitamos la reactivación paulatina de las actividades para ayudar a los que pelean por sus ingresos diariamente: trabajadores formales e informales, comercios y pymes, cuentapropistas, profesionales, emprendedores, productores. Debemos permitir que la actividad productiva y comercial de nuestra ciudad saque un poco la cabeza y respire, sino se ahoga. Sé que es un desafío abrir con cuidado la economía de todos los días, pero no hacerlo implica un daño irreparable para muchos marplatenses de carne y hueso. Todos los días recibimos pedidos impostergables de quienes necesitan abrir, trabajar, generar recursos.
También hay que decir algo más para completar estas ideas. No es bueno que esta situación se politice en el sentido coyuntural del término. Podemos disentir, y es natural que suceda, pero entendiendo que quien está en otro espacio puede acertar o equivocarse sin mala fe necesariamente, más en la novedad de lo que está pasando. Si las respuestas son positivas hay que apoyarlo, y si hay perjuicios o errores hay que señalarlo, buscar la corrección, pero sin demonizar ni atacar visceralmente.

Nadie tiene la totalidad de la respuesta. Por eso hay que evitar las condenas y las manifestaciones tajantes que no tienen vuelta atrás. Un problema en nuestro País es la grieta profunda que todavía subsiste, porque si el dirigente tiene enfrente alguien que haga lo que haga lo va a criticar y condenar, que va a amplificar los problemas y buscará hacerlo culpable exclusivo de todos los males, de consecuencias no buscadas y legítimamente imprevistas, entonces lo que termina pasando es que las conducciones se encierran y lo que es peor, se paralizan las medidas difíciles pero importantes que a veces hay que tomar para superar las coyunturas.

Sin un mínimo crédito y confianza no hay sociedad que resista. Hay que dar espacio para la honestidad de avanzar en lo que se considera el trayecto correcto y permitir un margen de corrección cuando sea necesario, cuando se adviertan problemas, porque todos somos susceptibles de equivocarnos, pero eso es imposible desde una mezquina lógica de amigo-enemigo que no construye ni suma ni oye.
En este marco, receptando estas situaciones propias de nuestra ciudad, es que hay que considerar y destacar la presentación que el concejal Alejandro Carrancio hizo proponiendo la creación de una ágil comisión especial de reactivación económica, que busca dinamizar el camino hacia la recuperación y normalización de la vida socioeconómica marplatense, posibilitando aperturas y salidas de acuerdo a nuestra realidad. Es una muy buena iniciativa, responde a consideraciones como las esgrimidas anteriormente, las cuales hace tiempo compartimos en nuestro equipo con vecinos que nos acercan sus angustias y necesidades.

Hay que pensar en todos. Hay que cuidar la salud sin matar la economía.

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