Camila, una “sobreviviente” de Crucero MSC: “Volver fue como entrar en una película de terror”

Camila, una marplatense que se encontraba en el Crucero MSC Música demorado en Uruguay con casi 3 mil personas a bordo, cuenta en primera persona cómo fue volver al país. Los miedos, los cierres de frontera, el traslado a Mar del Plata. Crónica de una vuelta a casa.

“Habíamos sacado el crucero hacía casi un año. Yo trabajo en una empresa donde estas cosas se planifican, y ese iba a ser mi primer viaje sola, con una amiga”. la que habla es Camila, quien se encontraba en el último crucero que llegó a Buenos Aires el 17 de marzo. El MSC Musical, que había partido el 7 de marzo, haciendo escala en varios puntos de Brasil.

Nosotras teníamos que regresar el 15 de marzo a la mañana. Teníamos contacto con nuestras familias, pero no veíamos las noticias. El servicio de Wifi en el barco es muy caro y lo usábamos para conectarnos. Si bien nos venían diciendo lo que estaba pasando, nunca imaginamos que estaba pasando algo así. Antes de salir, nos aseguraron que no había riesgos, no sospechábamos nada”.

Y continuó su relato: “El crucero fue normal. Nosotras teníamos una cabina interna y disfrutamos todas las paradas y las actividades del barco. Si bien nos había llamado la atención la cantidad de alcohol en gel y desinfecciones que realizaba el personal de a bordo. Sabíamos todo el tema del coronavirus, Pero cuando nosotras salimos no estaban cerradas las fronteras. Supuestamente era algo que estaba siendo medianamente controlado y mucha información no teníamos. Muchos amigos habían empezado a irse a Europa o a estados Unidos, porque acá  no tenían trabajo, o sea que no teníamos noción de lo que estaba por pasar.”

“El día 15 de marzo teníamos que llegar a puerto y nuestro horario de desembarco iba a ser a las nueve. Nos acostamos temprano, despachamos las valijas y nos dormimos. Pero a la mañana siguiente nos asustamos en serio. El barco no se movía. Fuimos a desayunar, pensando que ya bajábamos y cuando subimos a cubierta, notamos que no había tierra a la vista y que el barco estaba anclado. La gente estaba un poco ansiosa y nos pedían que activáramos el GPS. Y el GPS nos indicaba que estábamos a 200 km de Montevideo. Yo no me asusté enseguida. Hablé con mi familia y ellos me dijeron que teníamos que esperar. Uruguay había cerrado fronteras y Argentina estaba en duda. Ahí nuestras familias nos explicaron todo lo que estaba pasando y todo lo que podía pasar.”

“Mientras tanto algunos pasajeros empezaron a entrar en pánico, a gritar. Entonces decidimos quedarnos en algún lugar que fuera más tranquilo. Las especulaciones eran muchas. Que había alguien infectado, que no íbamos a volver. Muchas cosas. Hasta que a eso de las once el capitán nos explicó que por razones burocráticas íbamos a esperar embarcados los pasos a seguir. Liberaron Internet para todos en el barco, pero la señal se cayó de golpe y por tres horas no tuvimos comunicación. Fue algo muy confuso. Ese fue el momento donde sentí más miedo pero la gente del crucero activó los espectáculos y nos insistió para que hagamos vida normal. Pensamos que al otro día se iba a solucionar y podríamos estar en casa.”

” Esa misma noche nos dijeron que autorizaron nuestra entrada al puerto de Buenos Aires. Y ahí empezamos a ser conscientes que pasaba algo muy grave. Hasta ahora me cuesta entender. Leo todo lo que pasa y es demasiada información de golpe. Esa misma mañana hablo con mi mamá que me indicó todo lo que teníamos que hacer si desembarcábamos: Mantenernos a dos metros de distancia de cualquier persona, usar alcohol en gel, pedir barbijos. Nos informó que no podíamos volver en micro, era demasiado peligroso para la gente, así que si lográbamos bajar, íbamos a ir directo al auto, subirnos y regresar a Mar del Plata a ponernos en cuarentena,!

“Pero no íbamos a bajar tan fácilmente. Primero desayunamos con todos y luego nos mandaron a nuestros camarotes. Ahí nos dejaron tres horas. Nosotras no teníamos ventana, nada, No sabíamos qué iba a pasar. Vinieron médicos, nos revisaron, firmamos una declaración jurada y se fueron. Al rato nos mandaron viandas para comer algo y nosotras empezamos a ver en la tele que quizá nos quedábamos ahí. En ese momento nos desesperamos. Queríamos estar en nuestras casas. Íbamos a estar ahí 15 días, eso pensábamos. Mientras tanto, mi mamá ya había salido a la ruta a buscarnos.”

“A eso de las cinco de la tarde nos anunciaron que podíamos ir a comer al buffet, que no había habido ningún caso y que nos dejaban ir. Cuando salimos, tuvimos que esperar una hora en la terminal porque estaban en ruta. Pudimos ver que la gente subía a los micros, a los autos, pero no había nada de conciencia de nada. Nosotras esperamos y cuando llegó mi mamá salimos. Fue un alivio. No pudimos saludarnos, Ella roció las valijas con alcohol, las acomodó en el auto y nosotras agarramos el alcohol en gel. Fue impactante. Parecía que veníamos de otro mundo, a otro mundo. Tuvimos que hacer noche en un departamento (eso habíamos puesto en nuestras declaraciones juradas) y cuando subimos, avisamos al portero. El portero venía luego y desinfectaba todo lo que habíamos tocado. Al día siguiente igual., Las valijas las dejamos en el auto. Nos despertamos y vinimos directo a Mar del Plata. Estamos en cuarentena absoluta y también mi mamá, que fue quien nos trajo desde allá.” 

“Yo no pude reincorporarme aun al trabajo porque tengo que cumplir la cuarentena. Pero sigo sin poder creer lo que pasa, aunque me doy cuenta que a muchos les pasa eso. Pero no tengo dudas. No puedo entender cómo hay gente que sigue caminando como si nada, como si nunca le pudiera pasar algo. Paseando. Porque yo también tendré que volver a trabajar. Pero jugar así con el resto me parece pésimo. No me quiero imaginar la angustia que tienen los argentinos varados en el mundo. Nosotros entramos casi de casualidad. A partir de ahí nos informaron que no salen más cruceros.”

 

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