“No es tiempo de tibios, no es tiempo de egoísmos, no es tiempo de mezquindades…Es tiempo de unidad”

Los triunfos generan alegría, y responsabilidades. Las derrotas traen tristeza, desazón, dolor, necesidad de una profunda autocrítica, pases de facturas. Pero las derrotas también enseñan, para quien esté dispuesto a escuchar, a entender, a bajarse de la cerrazón y la soberbia, para empezar a mejorar, a sobreponerse, y buscar salir adelante

Desde donde escribo estas palabras? Soy tercera generación de peronistas. Mi abuelo, Francisco, fue uno de los primeros afiliados peronistas de Miramar. Chofer personal del Intendente Marino Cassano, el día después de la revolución libertadora, llegó a la municipalidad y le entregaron un escobillón y una pala. Las dejó delicadamente en su lugar, dio media vuelta, y se fue a trabajar al campo, sin decir palabra. No reclamó nada, pero no iba a ceder a ese desprecio ni ser instrumento de esa venganza

Crecí con estos gestos, con estas actitudes, que se forjaron desde el Peronismo. Un movimiento que siempre me remitió a la empatía con el otro, al abrazo, al barrio, al trabajador, al entendimiento generacional, a la escucha, al pensarnos en función del nosotros, lejos del individualismo. Con líderes sí, pero también con pueblo y discernimiento. Con unidad, más allá de la permanente diversidad, de las diferencias, a veces duras y salvajes, pero diferencias que vimos dirimirse en internas, en ponerse a consideración de millones de compañ[email protected]

Estas palabras tienen un solo objetivo: Nunca más la desunión. Escuché a cada sector, en público y en privado. Nadie se hizo cargo hasta ahora de la imposibilidad de lograr la unidad, de abrir una primaria, de encontrarse y competir, con respeto y calidad democrática. No puede pregonar libertad aquél que no se la da al otro. No puede haber democracia partidaria con proscripciones. Todos tenemos nuestra cuota parte de culpa. Ahora, quienes perdieron, deben hacerse cargo. Quienes quedaron afuera, deben ser escuchados, comprendidos y convocados. Los líderes que no acordaron, deben cambiar su actitud, o dejar que otros busquen la unidad.

Pasaron las elecciones, y ni los triunfos ni las derrotas pasan desapercibidas. Son triunfos históricos los obtenidos a nivel nacional y provincial, por sobre dos gobiernos que buscaban renovar su primer mandato, con un fuerte apoyo de los sectores más poderosos del país. Pero también en General Pueyrredón, en Mar del Plata-Batán, la derrota es dura, preocupante, y dolorosa. [email protected] lamentablemente tuvimos razón cuando, antes de las PASO, expresábamos que la falta de unidad, la proscripción, la incapacidad de acuerdo de varios sectores, alejaban la posibilidad de triunfo. No hay que quedarse sólo con la lectura del 37 por ciento de los votos alcanzados, hay que reflexionar profundamente en la falta de unidad que generó la derrota. No ganó Montenegro. Perdieron Raverta, Pulti, y un sector del peronismo dejado de lado y

Frente de [email protected], gremios en la CTA y la CGT, peronismo no incorporado en esta oportunidad, un partido vecinal, los movimientos sociales, cooperativos, las sociedades de fomento, las cámaras empresarias, referentes de décadas en los barrios. Imaginemos por un momento todos estos sectores verdaderamente unidos, pensando sólo en el bien común y la unidad

La unidad es difícil, hay que sentarse a la mesa poniendo de entrada, aquello que se va a ofrecer, aquello a ceder por el bien de todos. Hay que ir con actitud dialoguista, sin perder de vista todo aquello que une. La unidad es complicada, pero es apasionante, es un camino que vale la pena recorrer. Si el peronismo pretende que la elección del 27 de octubre sea el piso para los logros del 2021, debe salir ya a gritar por la unidad, a promoverla. Quienes perdieron, son figuras muy importantes, pero ya no tienen el derecho exclusivo del veto. Acá no se veta a nadie, acá se convoca a todos, y a todas

No es tiempo de tibios, no es tiempo de egoísmos, no es tiempo de mezquindades. El único de los tiempos posibles es el de la unidad

Hay que empezar a construirla ya. Hoy propongo comenzar a hacerlo, desde la nada misma, desde el pie, como crecen los ideales verdaderos. Ahora es cuando

PABLO MARTÍN SALGADO

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