FRANCISCO BARBERIS BOSCH:Del círculo vicioso a la espiral descendente 

Hasta hace poco tiempo, una figura servía para representar con bastante fidelidad una dinámica económica varias veces repetida a lo largo de nuestra historia: el círculo vicioso entre inflación, fuga de capitales, endeudamiento, devaluación, y vuelta a empezar con inflación.

La salida abrupta del cepo cambiario el 17 de diciembre de 2015 y la consecuente devaluación de un 40,5% sólo el primer día, constituye una rápida aceleración del círculo vicioso donde la transición entre las fases es cada vez más rápida. A esa devaluación siguió una aceleración de la inflación al 41% sólo en 2016, así como de la fuga de capitales y el endeudamiento para sostenerla.
Sin embargo, a pesar de la utilidad de la metáfora del círculo vicioso, desde el año pasado parece que hemos entrado en una dinámica distinta, mejor representada con la metáfora de la espiral, en su versión negativa, descendente. Cuando el financiamiento externo quedó virtualmente cortado en 2018, el gobierno acudió de urgencia al FMI para solicitar el crédito “stand by”, luego ampliado, y cuyos desembolsos ya fueron consumidos en al menos tres cuartas partes por la fuga de capitales. Como no se solucionaron los problemas de fondo, el círculo continuó operando, con esa “nafta” adicional del FMI. Ahora que ese combustible prácticamente se agotó, nos encontramos en una situación mucho peor que hace uno, dos o tres años.
La acumulación de desgastes macroeconómicos durante estos tres años y medio de gobierno incluye, en trazos gruesos, una fuga de capitales de 75 mil millones de dólares (equivalentes a 1,3 veces el total del crédito con el FMI, o a un 21% más que todas las exportaciones de 2018), un endeudamiento de 116 mil millones de dólares, una devaluación del 493% (desde los $9,85 por dólar al inicio del gobierno hasta los $58,44 actuales) y unas tasas de inflación que en promedio superarán el 40% anual para los cuatro años de gobierno, que dejan un piso estructuralmente más alto que el vigente durante la post-convertibilidad. Esta sumatoria de procesos económicos y sociales negativos fueron evolucionando hasta que por su peso específico terminaron hundiendo el círculo vicioso de la economía, deformándolo en una espiral.
Como resultado, tenemos una fuga de capitales exacerbada, una inflación más alta, una devaluación del 51% sólo en lo que va del año, y contamos con pocas reservas y escasa capacidad de fortalecerlas para hacer frente a la salida de divisas, con lo cual el riesgo de devaluación es cada vez mayor. Y esta percepción retroalimenta la fuga, la inflación y demás problemas asociados. Desde el año pasado, cada ciclo de fuga de capitales, endeudamiento, devaluación e inflación nos deja en una situación más precaria que el ciclo anterior: con más recesión, menos reservas, y por tanto mayor riesgo de salto devaluatorio e inflacionario. Cada ciclo nos hunde un poco más en la actual espiral descendente. En los círculos viciosos las vueltas se repiten, pero en las espirales cada vuelta nos deja más abajo, en una fase que no es igual a la anterior, sino sucesivamente peor y más compleja de resolver.
El más reciente de esos ciclos, la devaluación del lunes post PASO, es la continuación de las corridas cambiarias de 2018. Sólo durante agosto se perdieron 13.800 millones de dólares de reservas, más 3.864 millones en las primeras 8 ruedas de septiembre, y aún así el dólar no parece del todo estabilizado. Luego de esa última vuelta hacia abajo por la espiral, más rápida que las anteriores, la economía quedó más vulnerable a corridas cambiarias, y empeoraron los pronósticos de inflación y recesión. Síntoma de ese empeoramiento es que desde el 12 de agosto se retiraron de los bancos 9.482 millones de dólares, una tercera parte de los depósitos totales en esa moneda. Este último es quizás el más urgente de los problemas que tanto el gobierno actual como el próximo deberán atender, para estabilizar la situación y empezar lentamente a desandar la dinámica de espiralización negativa en la que ha entrado la economía argentina.

Lic. Francisco Barberis Bosch
Docente-Investigador UNMdP

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