Víctimas de abuso sexual visitarán Mar del Plata y contarán los horrores que vivieron

En el marco de su lucha colectiva contra el delito de abuso sexual contra los menores, integrantes de la Asociación Civil Adultxs por los Derechos de la Infancia realizarán este jueves una visita a Mar del Plata,  con el fin de relatar en primera persona los horrores sufridos durante toda su niñez. “Tenemos como obligación y objetivo la visibilización pública del delito”, remarcaron.

En tal sentido, Sebastian Cuattromo, cofundador de la Asociación Civil Adultxs por los Derechos de la Infancia informó a “el Retrato…”que, junto a otros integrantes de la agrupación, se harán presentes este jueves en la ciudad, en el particular contexto de la movida pública y comunitaria de rechazo a la presencia, en Mar del Plata, de quien fuera el abusador sexual de su infancia, Fernando Enrique Picciochi, el cual fue juzgado y condenado por la Justicia.

Desde hace 6 años, Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo, ambos víctimas de abuso sexual infantil,  se conocieron, se enamoraron y decidieron unir sus vidas como también el esfuerzo para llevar adelante la ONG Los Adultxs por los Derechos de la Infancia.

Desde que armamos este grupo tenemos como obligación y objetivo la visibilización pública del delito, porque consideramos que el silencio solo beneficia al agresor y a sus cómplices”, manifestó Sebastián a la vez que agregó: “Nuestro colectivo tiene dos patas: la visibilización pública permanente y el espacio de encuentro de nuestros pares, que nos permite todas las semanas compartir experiencias”.

Por su parte, Silvia señaló: “Queremos dejar una sociedad donde los derechos de la infancia sean un hecho. Nos gustaría que cuando la gente vaya a votar se fije en qué plan tiene cada gobierno con respecto a la infancia. Eso garantizaría una sociedad más justa y libre”.

Sebastián fue abusado por un docente del Colegio Marianista

En relación a los hechos que sufrieron durante su niñez, Sebastián tenía 13 años y cursaba el séptimo grado en el Colegio Marianista, cuando fue abusado por un docente de la institución, quien en 2102 fue condenado a 12 años de cárcel. “Me causó mucho dolor no poder hablar o pedir ayuda a los adultos que me rodeaban. Durante 10 años no lo pude hacer y fue un sentimiento amargo de vergüenza y autorecriminación, que es con lo que cargan las víctimas”, confesó.

Además, admitió: “No tuve adultos confiables a mi alrededor, ni un contexto o ámbito para compartir lo que me estaba pasando. Además, en el colegio imperaba la cultura machista, violenta y autoritaria” y añadió que sintió “una gran necesidad de emprender un camino de reparación y justicia por lo que me había pasado. Esto me forjó una conciencia y un compromiso adulto, y hoy me llena de alegría y reconocimiento. Debemos hacernos cargo y ser adultos protectores de la infancia”.

“No solo pude lograr el juicio y la condena penal de quien había sido mi abusador, sino que también logré que la institución afrontara su responsabilidad civil. Esto da esperanzas a las víctimas y a quienes están luchando contra este delito”, aseguró.

Silvia, por su parte, sufrió ataques por parte de personas allegadas a su familia y ya en su adultez, se enteró que su marido había abusado de una hija que era fruto de una relación anterior“En 2009 tuve que asumir que me había casado con un abusador y allí comenzó mi lucha. Trabajo muchos años en tema de adicciones y sabía que encontrando un grupo de ayuda sería muchísimo mejor. A nivel judicial nos pasó que se trataba de mostrar que el abuso sexual en la infancia no existía”, sostuvo.

El objetivo de la Asociación es dar visibilidad pública al delito del abuso sexual en la infancia, con la finalidad de incidir públicamente en la defensa de la niñez, y de sus derechos, frente a esta inaceptable injusticia. De esta forma, los integrantes de la entidad compartirán colectivamente sus testimonios, desarrollando esta acción en los más variados ámbitos comunitarios, y por todo el país.

Por último, también ofrecerán a la comunidad, y durante todos los sábados del año, un espacio de encuentro solidario de pares, anónimo y empático, para toda persona adulta que haya sufrido este delito y para adultos protectores de niños víctimas en el presente.

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