Las milicias brasileñas siembran el terror para expulsar a las bandas de las favelas

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Sobre las 600 favelas que rodean la ciudad brasileña de Río de Janeiro como una corona de espinas y en las que viven hacinadas cerca de dos millones de personas, se cierne un nuevo fantasma que se suma a la violencia y la miseria que las caracterizan: las nuevas milicias, una especie de policía paralela que, según los datos del Gabinete Militar del Ayuntamiento de Río, se ha adueñado de 92 favelas en menos de dos años.

Bajo la excusa de querer evitar que las favelas queden a merced de la tiranía de los narcotraficantes, estas milicias formadas por ex policías, bomberos, agentes penitenciarios, militares, etc., que generalmente viven dentro de la favela se arrogan el derecho de expulsar a los narcos y proporcionar seguridad a la favela. Naturalmente, sin la más mínima legalidad.

Según algunos sociólogos, no podrían actuar sin la connivencia de al menos una parte de la comunidad, pero han acabado convirtiéndose en un segundo elemento de poder mediante la violencia dentro de ella. Un poder, además, interesado: se calcula que recaudan en cada favela el equivalente a unos 400.000 euros mensuales.

Los ingresos de estas milicias provienen de las cuotas obligatorias que las familias tienen que abonar, bajo graves amenazas: por ejemplo, pagan unas cantidades fijas por cada bombona de gas que adquieren y también unas tasas para obtener electricidad gratuita ilegalmente y acceso también ilegal a la televisión de pago.

Según el sociólogo Luiz Edoardo Suares, ex subsecretario de Seguridad, estos grupos milicianos crean verdaderos reductos feudales donde las leyes del Estado carecen de valor. Añade Suares que el combate a las milicias supondrá para las autoridades “un desafío mayor que la lucha contra el tráfico de drogas”.

Por su parte, los habitantes de las favelas, para no ser víctimas de la violencia que les rodea cotidianamente ya sea la que proviene de los grupos de narcos para dominar el mercado de la venta de drogas como la que protagoniza la policía al entrar en las favelas en busca de los que se conocen como bandidos pero que acaba creando terror y muerte entre los inocentes, están pagando con gusto el precio impuesto para contar con una milicia paralela a las fuerzas de seguridad del Estado.

Lo que ocurre es que, según las denuncias anónimas que llegan a la propia policía, estas milicias, que torturan e incluso matan a quienes no se someten a sus leyes, se están revelando tan o más violentas que los narcos.

Uno de los motivos por los que muchos policías y ex agentes se prestan a participar en su juego podría ser, según los expertos en seguridad, el hecho de que los narcotraficantes estén perdiendo fuerza en el negocio de la venta de drogas, por lo que cuentan con menos recursos para pagar a los policías corruptos; por eso éstos logran ahora financiarse a través del trabajo sucio en las milicias paralelas.

El diputado Carlos Minc, que fue quien reveló hace ya casi un año la existencia de estas milicias, ha declarado al diario brasileño O Globo que en los próximos días la Comisión de Seguridad Pública de la Asamblea Legislativa de Río, a la que Mic pertenece, va a pedir explicaciones acerca de este asunto al secretario de Seguridad de la ciudad, Roberto Precioso.

Vamos a preguntarle cómo se explica que, con un ejército de 60.000 policías y un presupuesto de 4.000 millones de reales [1.400 millones de euros) en Seguridad Pública, no se consiga expulsar a los narcos de las favelas, mientras parece que lo está consiguiendo un grupo de pocos hombres con el apoyo de la policía y de los habitantes de las favelas”, asegura el diputado.

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