El horror que no tiene fin de Boko Haram

A menudo sonreía, pero Aminata cuidaba a chicas como Fanna para soportar el dolor. Lo hacía sin exuberancias: con un cucharón de madera, removía el arroz humeante de una olla grande y llenaba platos sin parar. Uno, dos, tres, cuatro y así más de doscientos aquel día. Aminata eracocinera voluntaria porque  el hecho de ayudar a adolescentes de 16 años como Fanna, que acababa de huir del infierno de 24 meses secuestrada por Boko Haram y había llegado a pie hacía cuatro días atrás  a la aldea de Dikwa, en el noreste de Nigeria, era su último hilo de esperanza.

Quizás pasándose el día entre ollas a la entrada de la ciudad, esperaba Aminata, sería la primera en ver regresar a su hijo Ali. “Tenía 15 años cuando se lo llevaronllegaron una noche y lo secuestraron. Cada día rezo por verlo aparecer por esa carretera”. Aminata miraba con nostalgia la lengua de asfalto que salía de la población hacia la ciudad de Maiduguri y desde hacía meses era una ratonera. Dikwa está tan metida en la garganta del territorio de Boko Haram, que la zona es demasiado insegura para desplazarse por tierra y los cooperantes sólo pueden acceder a la localidad en helicóptero. La cercanía de la banda fundamentalista nigeriana también era una oportunidad: cada día llegaban personas a pie tras escapar a la desesperada de Boko Haram y buscar refugio en la ciudad, protegida por el ejército nigeriano.

En la gasolinera a las puertas de Dikwa, donde Aminata repartía comida, había más de doscientas personas, la mayoría mujeres y niñas, tiradas por el suelo, agotadas y muertas de hambre. Todas habían llegado allí tras ser secuestradas por los extremistas. Fanna había estado cinco días caminando junto a otras ocho mujeres para escapar. Antes, había aguantado más: había aguantado dos años como esposa de un yihadista, había aguantado el miedo, había aguantado los latigazos y había aguantado el desprecio. Hasta que no pudo aguantar más el hambre. “Mi marido se iba a combatir y me decía que si salía de casa, me mataría. Yo me quedaba allí sin hacer nada. Día tras día. Él tenía la comida, así que me daba muy poca para que no tuviera fuerzas ni para huir. Pero al final reuní valor y me marché”.

Fanna llevaba un hiyab gris que le recortaba la cara y aún tenía la mirada confundida, pero cuando Aminata le acariciaba el hombro ella relajaba el gesto y sonreía un poco. Para Aminata, había algo de su hijo en aquella sonrisa. Me prometí que cocinaría para los que huyen de esos asesinos hasta que vuelva mi hijo. Cuidar a esta gente es lo único que puedo hacer por él”.

El norte de Nigeria y la región del lago Chad, tierra compartida por pueblos nigerianos, nigerinos, cameruneses y chadianos, vive desde hace nueve años la violencia desencadenada de Boko Haram. La insurgencia del grupo extremista ha provocado hasta 50.000 muertos, miles de secuestros y una huida masiv

Según las Naciones Unidas, casi dos millones y medio de personas han perdido su hogar. Pese a que ante la fuerza militar multirregional, liderada por Nigeria y Chad, el grupo yihadista ha perdido buena parte del territorio que controlaba —en 2014 proclamó un califato bajo la aplicación radical de la sharia en una región del tamaño de Bélgica—, aún conserva su capacidad mortal.

Desde principios de 2018 ha realizado diversos ataques a poblados y campos de desplazados —asesinó a tres cooperantes de las Naciones Unidas en marzo e hirió a otros tres— y ha perpetrado secuestros masivos como el de la ciudad de Dapchi, cuando raptaron a más de 110 alumnas de una escuela.

En realidad, el infierno de Fanna o la tristeza por el hijo ausente de Aminata ponen rostro al olvido. Pese a que la crisis de Lago Chad es una de las más graves de los últimos años en el mundo, el dinero no llega. De los 1.400 millones de dólares requeridos para hacer frente a la crisis alimentaria en 2017, sólo se recaudó el 62% de los fondos. Y el horizonte apunta nubarrones. En 2018, las organizaciones humanitarias estiman que se necesitará aún más dinero, 1.690 millones de dólares, para ofrecer una ayuda humanitaria efectiva.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

Powered by keepvid themefull earn money