El futuro de Italia en un mar de incertidumbre a días de las elecciones

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Si hay algo tan intrínsecamente italiano como la ‘pizza’, las canciones de Mina o el Coliseo es la inestabilidad y la incertidumbre políticas. El vaivén gubernamental y las dificultades para poner en pie un Ejecutivo son algo tan profundamente arraigado en la cultura del país transalpino que directamente se dan por descontadas. Y no es para menos. Desde 1949, Italia ha tenido en total 64 gobiernos, lo que significa que cada Ejecutivo viene a durar de media algo menos de un año. Sólo desde 2013 los italianos han visto desfilar ante sus ojos a tres primeros ministros: Enrico Letta, Matteo Renzi y Paolo Gentiloni.

Pues que siga la fiesta. Porque todo apunta a que las elecciones generales que Italia celebrará el domingo 4 de marzo van a traer más de lo mismo. Es tal la incertidumbre que las rodea que, de hecho, nadie se atreve a poner la mano en el fuego y a predecir lo que va ocurrir.

Sobre el papel las cosas están claras. Prácticamente no hay un solo sondeo que no dé la victoria a Cinco Estrellas, el movimiento anticasta, antieuro y anti casi todo que promete, en caso de gobernar, derogar nada más llegar al poder 400 leyes para ir abriendo boca y que incluso ha lanzado una web en la que los ciudadanos proponen aquellas normas, reglamentos, estatutos y ordenanzas de las que desean deshacerse. Se anotaría entre el 20-25% de los votos, algunas encuestas incluso le dan el 30%. Pero eso no es suficiente en Italia para gobernar.

Ya en las anteriores elecciones generales de hace cinco años el movimiento fundado por el cómico Beppe Grillo contra la clase política al grito de “¡Que se vaya a tomar por culo!” fue el partido más votado. Y ya entonces, no pudo gobernar. Ahora se espera que ocurra más de lo mismo. Incluso mucho más de lo mismo, cortesía de la nueva ley electoral italiana aprobada en noviembre pasado y que se estrena en estos comicios generales.

Esa ley, que combina el sistema mayoritario simple con el sistema proporcional, ha sido diseñada en teoría para favorecer las coaliciones, ya que para poder gobernar es necesario sumar cerca del 40% de los votos, una cifra prácticamente imposible de obtener en Italia por un solo partido. Pero la sospecha generalizada es que en realidad esa ley ha sido maquiavélicamente redactada para evitar que pueda llegar al poder Cinco Estrellas, dado que por su odio visceral a la política tradicional ese movimiento siempre ha rechazado ‘ensuciarse’ las manos formando coalición con otras formaciones. Ellos son puros, no se quieren juntar con quienes consideran basura.

Así que pase el siguiente.

El inmortal Berlusconi

El siguiente, sorpresa, es un señor de 81 años con cara de estatua de cera que intenta borrar a golpe de bisturí (y de gruesas capas de maquillaje) las pruebas de su edad. Sí, es él, el inmortal Silvio Berlusconi. Casi todos le daban por políticamente muerto, pero ahí le tienen. Es verdad que no puede ser primer ministro, está inhabilitado para ocupar cargos públicos desde que en 2013 fue condenado por fraude fiscal a cuatro años de cárcel (que no cumplió, por su ya avanzada edad le fueron conmutados por trabajos sociales en un centro de la tercera edad). Siempre se ha negado a nombrar un sucesor, así que sigue siendo él quien manda en Forza Italia, su partido.

‘El Caimán’ está lejos de sus días de vino y rosas, las encuestas dan a su formación sólo alrededor del 16% de los votos (lo que, visto su currículum y su amplio historial judicial y de promesas incumplidas, no deja de ser bastante increíble). Pero en lo que es indiscutiblemente bueno el ‘ex Cavaliere’ (la condena por fraude fiscal le dejo sin ese título) es en venderse, en trapichear. Y una vez más lo ha vuelto a demostrar: no sólo ha resucitado, no sólo concurre a estas elecciones a pesar de que no podrá ser primer ministro ni ocupar ningún escaño sino que ha puesto en pie una coalición de centro derecha que, según los sondeos, será la que se llevará el gato al agua.

Los socios políticos de Berlusconi para estas elecciones son Hermanos de Italia y la Liga del Norte. Ambos partidos son decididamente de derechas, hasta el punto de que a su lado Berlusconi incluso podría pasar por moderado. El discurso de la Liga, por ejemplo, es rotundamente xenófobo y antieuropeísta. Su líder, Matteo Salvini, no sólo habla de expulsar a medio millón de inmigrantes, de blindar las fronteras de Italia, de impedir a las pateras llegar a sus costas. También despotrica contra Bruselas y promete desde ya incumplir el techo fijado por la UE que marca el déficit máximo en un 3% del Producto Interior Bruto.

Todo eso juega en realidad a favor del viejo ‘Caimán’, porque le permite disfrazarse de ponderado (con excepciones, claro, porque al ver que la Liga le comía terreno subió la apuesta y promete expulsar a 600.000 inmigrantes) y poner sobre la mesa su experiencia política: 24 años en primera línea, tres veces primer ministro… Y como la peor pesadilla ahora mismo en la UE es que el timón de Italia, la tercera economía europea, pueda caer en manos de Cinco Estrellas, tragan saliva y apuestan por el mal menor: que gane la coalición de Silvio Berlusconi.

Y ahí está el problema. La coalición de centro derecha que lidera el ‘Caimán’ se anotaría, según las últimas encuestas (que datan del pasado día 16, pues en Italia está prohibido publicar sondeos en las últimas dos semanas de campaña) entre el 35 y el 38% de las papeletas. Según los expertos, le faltarían 900.000 votos para poder gobernar.

Llegados a ese punto algunos barajan la posibilidad de poner en pie una gran coalición en la que tengan cabida tanto la derecha como la izquierda, tanto Berlusconi y sus huestes como el Partido Democrático (PD), la formación que lidera Matteo Renzi y a quien los sondeos dan en torno al 22% de los votos, llegando al 27% si se suman los de sus aliados.

¿Suena fácil? Pues no, no lo es. De hecho, es matemáticamente imposible.

Para la izquierda italiana ya resultaría bastante humillante apretar los dientes y aceptar gobernar con Berlusconi. Pero lo que de ninguna de las maneras van a tolerar es hacerlo con la Liga, un partido xenófobo al que acusan directamente de ser el instigador del tiroteo que un grupo de fascistas llevó a cabo hace poco contra inmigrantes en la localidad de Macerata y que se saldó con cuatro heridos. Y al revés: la Liga se niega en redondo a formar parte de un Ejecutivo que incluya a la izquierda, a la que ha señalado como responsable moral a causa de sus políticas de inmigración del asesinato de una joven de 18 años a manos de un nigeriano en Macerata.

Y sin la Liga, las cuentas no salen. Forza Italia y el PD, según señalan los sondeos, no sumarían ellos solos los votos suficientes para gobernar. “No, imposible”, sentencia a El MUNDO Roberto D’Alimonte, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Luiss de Roma y responsable de una macro encuesta electoral efectuada sobre una muestra de 6.000 italianos, un número altísimo frente a las 1.000-1.500 personas sobre las que se suelen basar los sondeos tradicionales.

“Habrá que esperar a que se cuenten las papeletas. Pero a día de hoy, y en base a las encuestas, efectivamente no habría modo de formar Gobierno”, asegura a EL MUNDO el respetado politólogo Gianfranco Pasquino, profesor emérito de Ciencias Políticas en la Universidad de Bolonia. “Cinco Estrellas será el mayor partido en el Parlamento, pero no tendrá votos suficientes para formar Gobierno. La coalición de centro derecha tampoco los tendrá. Y Forza Italia y el Partido Democrático (PD) tampoco sumarán juntos la cifra requerida”.

Llegados a este punto sólo cabe una cosa: hacer política-ficción, uno de los pasatiempos preferidos de los italianos.

El transfuguismo, una vieja tradición

“Yo creo que lo que hará la coalición de centro derecha después de las elecciones será hacer un llamamiento a los demás partidos y a parlamentarios individuales para que se sumen a sus filas. Y creo que conseguirán los votos que le faltan. Al fin y al cabo el transfuguismo político es una vieja tradición italiana. Al centro derecha es posible que le falten 20, 30 diputados para tener la mayoría, y creo que los puede lograr”, opina Pasquino.

D’Alimonte, por su parte, no descarta que el centro derecha termine consiguiendo los votos necesarios para por gobernar él solo, sin necesidad de apoyarse en diputados de otras fuerzas. “Mi impresión es que el centro derecha tiene el 30% de posibilidades de lograrlo”, nos cuenta.

Pero tampoco descarta que eso se logre a través de un modo que a Europa le pone los pelos sencillamente de punta: consiguiendo la Liga más votos que Forza Italia. “Es posible que las encuestas, incluida la mía, estén subestimando a la Liga. Mi sensación es que tiene el 50% de probabilidades de conseguir más votos que Berlusconi”.

Un ‘sorpasso’ de la Liga a Forza Italia significaría un cambio radical en los equilibrios internos de la coalición de centro derecha, significaría que el centro pasaría de las manos de Berlusconi a las de Matteo Salvini, significaría que el propio Salvini podría ser primer ministro. Una posibilidad que en Bruselas genera terror y pone a muchos los pelos de punta, pues supondría que Italia no tendría un Gobierno de derechas sino de extrema derecha.

“Y si el centro derecha no consigue las papeletas necesarias para poder gobernar, se abrirá una fase crítica, muy crítica. Se necesitará mucho tiempo, muchísimas negociaciones, para poner en pie un Ejecutivo. Ahora mismo es muy difícil imaginar cómo se hará, hay que esperar a ver los números”, afirma D’Alimonte. “Yo lo que excluyo es un Gobierno en el que estén la Liga y el PD. Y también excluyo un Ejecutivo del que formen parte Cinco Estrellas y Forza Italia. Todo lo demás es posible, incluido un Gobierno de Cinco Estrellas y el PD”.

Pero lo que tampoco hay que excluir es que las encuestas se equivoquen. De hecho, casi todas las que se han llevado a cabo desde el Brexit (incluido por supuesto este) han patinado clamorosamente. Y en las anteriores elecciones generales italianas, celebradas en 2013, también resbalaron: pronosticaron que el movimiento Cinco Estrellas se anotaría el 20% de los votos, cuando en realidad se embolsó el 25% de las papeletas. La volatilidad de los votantes italianos quedó entonces plenamente de manifiesto: el 7% cambió de idea cuando se encontraba en la cabina electoral y metió en el sobre un voto distinto al que inicialmente había pensado.

en estas elecciones pasa un poco lo mismo. Se calcula que hay millones de italianos que aún no han decidido si votarán y, en caso de hacerlo, a qué partido. Habría que ser un mago y tener una bola de cristal para poder pronosticar lo que va a ocurrir.

Fuente: www.elmundo.es

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