MARCO LEIVA: Macri, con las Madres no

Marcos Atilra

Coherentes con su historia y su lucha, las Madres de Plaza de Mayo definieron ya en diciembre de 2015 que el gobierno neoliberal es enemigo de los pueblos y, por eso mismo, de las mismas Madres, en tanto y en cuanto estas simbolizan la dignidad y la memoria de las mayorías populares. Y desde ese momento las Madres han sufrido un hostigamiento constante y brutal por parte del gobierno de las corporaciones.

A ese hostigamiento se le suma un nuevo episodio: el allanamiento ilegal de la sede de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. La ilegalidad de dicho acto ultrajante radica en que no existe ningún fundamento jurídico para que el poder judicial o el poder ejecutivo procedan con un allanamiento en ese lugar. En realidad, lo que existe es codicia. El gobierno de Mauricio Macri aspira ocupar la sede de la Asociación para vaciarla de contenido y sentido. En una palabra, para hacerla desaparecer.

Sí, hacerla desaparecer. Ese es el método característico de la derecha en nuestro país, hacer desaparecer lo que le resulta inoportuno. Los mismos que hicieron desaparecer a 30.000 argentinos entre los años 1976 y 1983 son los que hoy desean ver desaparecidas las Madres de Plaza de Mayo representadas en su casa histórica.

¿Por qué? Porque allí está custodiada la memoria que ellos quieren borrar. La sede de la Asociación Madres de Plaza de Mayo es la memoria viva de la Argentina y el recuerdo latente de los horrores del terrorismo de Estado, que impide precisamente que la historia se repita. Por eso quieren borrar ese recuerdo, borrar la memoria y dejar allanado el camino para el terror que tienen por método y estilo. Por lo tanto, vaciar de sentido y contenido la sede de la Asociación es tanto peor que clausurarla.

No existe, como decíamos, ninguna razón legal por la que puedan allanar la sede de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. El edificio que el gobierno de Macri codicia no es de la Fundación, es de la Asociación y por eso no es objeto de ninguna causa judicial y es de los pueblos. La casa guarda la memoria de los pueblos y no se toca.

Esa sede es el premio grande que el poder fáctico anhela y allí tenemos que las fuerzas oscuras del pasado se asocian con las del presente para lograr el nefasto objetivo que es la destrucción de las Madres y por lo tanto de la memoria que las Madres vienen custodiando hace ya más de 40 años.

Son 40 años de lucha y no obstante las Madres no pueden tener paz. Todas ellas son mayores de 90 años y siguen hostigadas por el poder, justamente porque tienen en sus manos lo que desde el punto de vista del poderoso es muy inoportuno: la memoria viva de los pueblos acerca de los horrores del poder.

El neoliberalismo de las corporaciones nos quiere de rodillas para que aceptemos pasivamente sus atropellos, sus reformas previsionales que destruyen el futuro de nuestros mayores, los ajustes que condenan al hambre y a la necesidad a nuestros pibes, las reformas laborales que ponen al trabajador en una situación de vulnerabilidad cercana a la que tenía en el preperonismo. Y para que todo eso pase, el régimen neoliberal debe destruir a quienes luchamos, debe encarcelar a unos, borrar y desaparecer a otros, pero finalmente acallar a todos.

El resultado práctico en el momento es que tienen ocupadas a las Madres con estos asuntos absurdos mientras la Madres podrían estar haciendo lo que siempre hicieron y es la razón de su misma existencia: luchar por los derechos de las mayorías denunciando los abusos de los ricos, los despidos, los ajustes, las represiones y los crímenes. Las Madres se ven imposibilitadas de discutir los problemas reales del país al estar ocupadas con chicanas jurídicas que no les corresponden.

Las Madres van a defender con el cuerpo la memoria y la dignidad del pueblo argentino. Y nosotros con ellas, codo con codo, hasta la victoria siempre.

                                                                                                                  Marco Antonio Leiva

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