El Río Sena es todo un espectáculo con sus inundaciones en París

Una crecida del Sena comporta muchísimos problemas. Hay centenares de familias evacuadas, barrios inundados en las afueras, líneas ferroviarias sin servicio y pérdidas millonarias por la suspensión del tráfico fluvial. Pero el asunto ejerce un poderoso magnetismo sobre los parisinos, que acuden a los puentes para disfrutar del espectáculo.

 El Sena, padre y madre de París, es más que nunca el centro de atracción de la ciudad.

Desde el pasado domingo, el nivel del río ha subido unos dos centímetros cada hora. Este domingo alcanzará los seis metros. Quizá no llegue a los 6,20 metros de junio de 2016 y debería quedar lejos de los 8,6 metros de 1910, pero el riesgo se mantiene. Los embalses de la región rondan el 90 por ciento de su capacidad. Si siguiera lloviendo y los embalses no dieran más de sí, la inundación sería histórica. Y este año aún no ha comenzado el deshielo.

Diciembre y enero han sido, en el norte de Francia, extremadamente lluviosos. La pluviometría ha batido marcasdesconocidas desde principios del siglo XX. Marc Mortureux, director de prevención de riesgos en el Ministerio de la Transición Ecológica, confía en que esta vez no ocurran grandes desastres, al margen de los ya sucedidos: en las afueras de París hay más de 200 familias evacuadas, unas 30.000 personas sin agua potable ni energía eléctrica y un número incalculable de sótanos inundados.

 Pero Mortureux señala que la gran inundación, la llamada “centenaria” (porque hay una posibilidad entre cien de que ocurra), acabará llegando un día u otro. Y reconoce que París no está preparado para el desastre. Las consecuencias, dice, serán peores que en 1910, cuando 200.000 viviendas sufrieron graves daños, porque la ciudad es más populosa y la ribera del río está más urbanizada.

Quienes más padecen estos días son los propietarios de barcos fluviales. Los ‘bateaux mouches’ de las diversas empresas parisinas perderán, en conjunto, unos 300.000 euros por este episodio: las naves permanecen amarradas, de forma más o menos precaria, porque no pueden pasar bajo los puentes.

 Los propietarios de ‘péniches‘ y otras embarcaciones de recreo han tenido que inventar formas de amarre porque los cadenotes habituales quedaron sumergidos muchos días atrás. El tráfico fluvial de mercancías ha sido también interrumpido. El alcantarillado funciona aún, pero el tremendo caudal arrastra toneladas de basura.

 La línea C del RER, la red ferroviaria suburbana, ya no circula entre Javel y Austerlitz, su tramo más concurrido. De los paseos fluviales, habitualmente llenos de terrazas y caminantes, se perdió la pista hace más de una semana. En las aceras cercanas al Sena se ve de vez en cuando algún pato despistado.

Video thumbnail

El Sena, desbordado

Museos y escuelas suspenden su actividad

Los museos de París cercanos al río han activado las alertas. El Louvre ha cerrado su sección más profunda, la de arte islámico, y prepara un desalojo de urgencia de los almacenes subterráneos que sólo se produciría si el nivel del agua subiera un metro más. En los museos de Orsay y Orangerie se han suspendido las actividades nocturnas y se han efectuado pruebas de los sistemas de bombeo.

Una quincena de departamentos están en alerta naranja. En Seine-et-Marne, el Socorro Popular ha lanzado una cuestación para ayudar a las familias evacuadas y acogidas en gimnasios, y se ha interrumpido parcialmente el suministro de gas. EnSeine-Saint-Denis hay escuelas cerradas. El pueblo de Condé-Sainte-Libiaire (Seine-Saint-Denis) es casi completamente navegable.

El puente parisino de Austerlitz alberga la escala hidrométrica que, desde 1873, mide el nivel del Sena. Ayer, la profundidad estimada superaba los 30 metros y seguía creciendo. Los curiosos se agolpaban para tomar fotos con sus móviles. Del bellísimo Pont Neuf, el más antiguo de la ciudad, apenas se veían los arcos: parecía una simple pasarela. Pero la crecida resultaba especialmente notoria hacia el oeste, en los distritos 8, 15 y 16. La estatua de la libertad, hermana pequeña de la regalada a Nueva York y encarada hacia el Atlántico en el puente de Grenelle, tenía los pies casi en el agua.

En el puente de Bir-Hakeim, al que parejas de todo el mundo acuden para fotografiarse con sus trajes nupciales y la torre Eiffel como fondo, el ambiente era el habitual. Dos parejas filipinas, ellas temblando porque la temperatura no se compadecía con el vestido de novia, sonreían a la cámara. Ignoraban que el caudal del Sena fuera inusualmente alto. “¿No es siempre así? ¿Es algo especial? ¡Aún mejor!”, exclamó un novio.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

Powered by keepvid themefull earn money