La Justicia brasileña confirmó por la sentencia a prisión de Lula y aumenta la pena a 12 años

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Quien fuera el presidente más valorado de la historia de Brasil ha sufrido este miércoles el golpe más duro de su carrera política. Luiz Inácio Lula da Silva ha sido condenado en segunda instancia por corrupción pasiva y lavado de dinero. Los magistrados de Porto Alegre han ratificado por unanimidad la condena que interpuso el pasado mes de julio el juez de Curitiba Sergio Moro. A favor han votado el juez Joao Pedro Gebran, el magistrado Leando Paulsen y, por último, el juez Laus, el tercero que compone el Tribunal Regional Federal de la 4ª Región (TRF4) de Porto Alegre. El tribunal ha aumentado la pena de los nueve años y medio hasta los 12 años y un mes, como pidió el juez Gebran. Con esta segunda condena el líder del Partido de los Trabajadores (PT) tendrá muy difícil su participación en las elecciones de 2018 a pesar de ser el candidato favorito de los brasileños.

Este juicio ha sido considerado por diversos analistas como “histórico”, no sólo porque pone en jaque a una de las figuras más importantes de la política brasileña, sino por su relevancia a la hora de influir en las elecciones de octubre de 2018. Hasta el momento el ex mandatario era el favorito de los comicios y sin él se espera la aparición de candidatos outsiders alejados de la política que puedan canalizar el descontento de los brasileños.

Pero el cumplimiento de la condena sólo se llevará a cabo una vez que se agoten todos los recursos. El ex mandatario todavía no iría a la cárcel y podría seguir con su campaña electoral e inscribirse como candidato el próximo 15 de agosto. A partir de esa fecha el Tribunal Superior Electoral (TSE) será quien decida sobre su participación en los comicios. Según la Ley de la Ficha Limpia son inelegibles los candidatos condenados por crímenes contra la administración pública, por lo tanto se prevé que Lula da Silva quede fuera. Pero el petista puede recurrir a los tribunales superiores por su derecho a disputar la Presidencia, por lo que la condena de este miércoles se entendería como un jaque a la reina antes del jaque mate definitivo.

La Justicia brasileña, en el punto de mira

El juicio más importante del año se siguió en directo en todo el país. La sesión estuvo llena de guiños que hacían referencia a las acusaciones que hizo la defensa de Lula sobre el carácter “político y no jurídico” del proceso. Una teoría apoyada por un centenar de juristas brasileños que hizo que este miércoles, además del ex mandatario, también se pusiera en el punto de mira a la justicia brasileña.

El procurador del Ministerio Público Federal (MPF) encargado de la acusación, Mauricio Gerum, definió como “tropa de choque peligrosa” aquellos que decían que el proceso sería político y advirtió sobre “la gravedad de poner en duda al Poder Judicial del país”. La defensa de Lula respondió: “Los que politizan el proceso son los procuradores de la operación Lava Jato con funcionarios que piden en las redes sociales la condena de mi cliente. ¿Desde cuándo un agente del estado hace algo así?”, dijo el abogado Cristiano Zanin, refiriéndose al caso de uno de los empleados del MPF.

El letrado del ex presidente insistió en que la acusación no había aportado pruebas que identificaran que el inmueble fuera de su cliente: “¿Desde cuando un reportaje de un periódico da el título de propiedad de una vivienda?”, ironizó Zanin refiriéndose al reportaje del diario ‘Globo’ que decía en 2010 que Lula tenía un inmueble en esa región y que la acusación presentó como prueba. La defensa solicitó la nulidad del proceso por falta de pruebas periciales y señaló que el juez Moro no había conseguido caracterizar cuál era el acto de oficio de corrupción pasiva que había cometido el ex presidente: “En la sentencia se habla de actos indeterminados, cómo es posible una acusación así”, dijo Zanin.

Sin embargo el magistrado Gebran, que defendió su su voto durante más de tres horas, respondió a la defensa que en el escándalo de corrupción del Mensalao se habían sentado precedentes de condenas por “actos indeterminados” por lo que “el acto de oficio no es fundamental para el crimen de corrupción pasiva” y recordó que los magistrados estaban “para juzgar hechos y no personas”.

Lula da Silva dio un primer discurso al mediodía en el Sindicato de los Metalúrgicos de San Bernardo cuando apenas se conocía uno de los votos. Aseguró estar “tranquilo” y reconoció “tener mucho trabajo por delante” para demostrar su inocencia. “Lo que me están haciendo no es nada comparado con lo que sufren millones de brasileños que no han entendido la reforma laboral y van a ser masacrados”, gritó entre los vítores de la militancia de fondo.

División en las calles

Desde primera hora de la mañana las manifestaciones a favor y en contra de Lula se produjeron en al menos veintitrés estados. En la ciudad de Porto Alegre 30.000 seguidores del petista se concentraron a la espera del veredicto. En Sao Paulo los lulistas se presentaron en el Sindicato de los Metalúrgicos de San Bernardo desde donde el ex presidente siguió la sesión junto a su familia.

A lo largo de la tarde la Avenida Paulista se convirtió en la imagen de un país dividido con manifestantes petistas y anti-lulistas compartiendo la calle. Y es que este juicio ha vuelto a poner sobre la mesa la polarización de la sociedad brasileñay las dos lecturas que hacen del mismo proceso. Los lulistas lo entienden como una persecución política y ven en Lula la esperanza para que Brasil vuelva a apostar por las políticas sociales de redistribución de renta. Mientras que para sus detractores el ex presidente es el símbolo de la corrupción y esta sentencia, una victoria de la justicia. A su vez los grupos anti-Lula como el Movimiento Brasil Libre (MBL) apuestan por un estado menor y una economía más neoliberal.

Según el politólogo de la UnB, Andre Borges, este veredicto “va a polarizar aún más los ánimos de los brasileños que ven fuera de la carrera presidencial a su candidato favorito”. A pesar de que el Partido de los Trabajadores (PT) insiste en que el único candidato posible sea Lula, en algún momento tendrá que enfrentarse al vacío que puede dejar su figura fuera de los comicios. “El PT tiene que atreverse a replantearse un nuevo futuro”, dice Borges.

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