Carlos Sainz conquista su soñado doblete en el Dakar

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Desde unos años atrás, Carlos Sainz se había acostumbrado a encajar un “¿Por qué?” con la guardia baja, antes que cualquier otra pregunta, porque era  así como empezaban todas sus entrevistas.

 “Es normal. Entiendo que la gente piense que a mi edad ya debería retirarme, que se cuestione por qué sigo corriendo. La respuesta es sencilla: sigo porque me gusta”, contestaba . A su edad, 55 años, nadie había conseguido vencer en un Dakar, acumulaba cinco abandonos consecutivos (¡cinco!) y había tenido que cambiar hasta cuatro veces de marca.

 Para muchos, su insistencia no tenía sentido; para él, nunca había tenido tanto. Sainz quería probarse a sí mismo que podía, que todavía podía, y este domingo lo consiguió.

Tras una última etapa con llegada en la Córdoba argentina, el español celebró su segundo Dakar con 43 minutos de ventaja sobre el qatarí Nasser Al-Attiyah y con una hora y 16 minutos sobre el sudafricano Giniel De Villiers. Si hubo alguna duda de su éxito, desapareció en unos tranquilísimos 120 kilómetros finales. Sainz, ya el campeón más veterano de la prueba, se elevó en la historia gracias a su trabajo de rejuvenecimiento previo.

Porque no todo es motivación, no sólo es que le guste correr. Consciente de la desventaja de su edad, Sainz se adentró en un plan de entrenamiento muy severo antes de este Dakar. El director deportivo de la prueba, el ex piloto Marc Coma, había organizado una encerrona entre el desierto del Perú y el Altiplano boliviano, cinco días por encima de los 3.500 metros, y el español se preparó como nadie. Realizó numerosas sesiones con una máscara de hipoxia que simulaba la falta de oxígeno de la altitud e incluso durante un mes durmió en una cámara en esas mismas condiciones. Sobre el terreno, se notó ese esfuerzo.

Mientras pilotos como Nani RomaCyril Despres o Sebastien Loeb cometieron graves errores en esas extenuantes jornadas, Sainz sobrevivió. Ya había avanzado que en ese tramo se dedicaría a controlar su instinto y eso hizo: incluso después de algunos incidentes, con su copiloto Lucas Cruz enfermo y varios minutos perdidos, no se lanzó a por la remontada. “Ésta ha sido una carrera de eliminación. El Dakar más duro de los que hemos hecho en Sudamérica. Es realmente comparable a los de África”, comentaba  diario, con toda la razón.

Al segundo tramo del Dakar, de hecho, sólo dos pilotos llegaron con opciones: el francés Stéphane Peterhansel, poseedor del anterior récord de veteranía (51 años) y, media ahora detrás, él. Como compañero del galo en Peugeot, Sainz contaba con escaso margen para el ataque y, por eso, sólo podía esperar un infortunio rival. Y éste ocurrió. En la séptima etapa,Peterhansel destrozó su coche al salir de La Paz y desde entonces, el español ya sólo tuvo que mantener su renta hasta la meta. Su pasado, en esos instantes, se presentó ante él: a un lado, su lista de infortunios finales,como el recordado comentario a su copiloto; “¡La cagamos, Luis!”, la oveja que se le cruzo,  el “¡Trata de arrancarlo Carlos!”; al otro, las carreteras argentina donde ya se celebró su segundo y último Mundial de rallies en 1992.

Como en toda su trayectoria, y pese a la polémica con el piloto de quads Kees Koolen, finalmente prevaleció el éxito. Y quién sabe, ahora sí, si será el último. El próximo año Peugeot abandonará el Dakar y está por ver si Sainz, ya a los 56 años, y con dos títulos en su palmarés, querrá probar otra aventura. “De momento voy a volver a casa y tomarme un tiempo para reflexionar con mi familia. No lo he decidido aún, vamos a ver”, comentó  en la meta de Córdoba, justo después de su modesta celebración con Cruz.

Ambos, acostumbrados a ganar, mantenían la calma; más enérgicos en sus festejos eran otros. El austriaco Matthias Walkner exhibía su alegría tras su primer título en motos y hasta tres españoles celebraban su posición en esa misma clasificación.

 Después de ser tercero el año pasado, Gerard Farrés pudo acabar quinto este año; Oriol Mena se proclamó el mejor debutante al finalizar séptimo con su Hero; y Daniel Oliveras entró por primera vez en un Top 10, fue noveno. Laia Sanz, duodécima, volvió a ser la mejor mujer.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

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