RODOLFO ELIAS: Submarinos & FOuling*

El submarino y la guerra

El arma submarina tiene mucha antigüedad, ya que tempranamente se descubrió que un orificio en el casco de un barco podría provocar su hundimiento. Ya desde 1555 se mencionaban embarcaciones destinadas a este fin. Sin embargo, no fue hasta la guerra de independencia de los Estados Unidos de Norteamérica (1776) en que un ingenio denominado “Tortuga”, impulsado por la fuerza muscular de su único tripulante,protagonizó el primer ataque submarino de la historia, cuando intentó atornillar una carga explosiva al casco de un buque inglés, aunque sin éxito (Figura 1).

TORTUGA

Figura 1. El “Tortuga” de 1776. H: Hélices; T: Timón; B: Barreno;

E: Explosivo con mecanismo de relojería.

Numerosos diseños y motores se probaron, pero fue la introducción de los motores diesel / eléctricos lo que permitió a estos artefactos convertirse en “sumergibles”, buques que podían sumergirse por cortos períodos de tiempo y propulsarse por medio de motores eléctricos alimentados a baterías, pero que debían emerger para hacer funcionar sus motores diesel con los cuales además re cargaban sus baterías. Su paulatino perfeccionamiento, y el de sus armas, los torpedos, los llevó a convertirse en armas de importancia táctica y estratégica. En ambas Guerras Mundiales (GM I: 1914-1918 y GM II: 1939-1945) los sumergibles alemanes bloquearon las costas del Reino Unido de Gran Bretaña tan efectivamente que casi obligaron a su rendición. Estos combates recibieron la denominación de “Batalla del Atlántico”. En la Guerra Mundial II una de las principales causas de la rendición japonesa fue la falta de materias primas, debido a que los sumergibles norteamericanos hundieron casi todos los mercantes del Japón.

Los últimos diseños alemanes de la GM II ya permitían tiempos de inmersión de varias horas (hasta 60 navegando a 5 nudos) o eventuales corridas a altas velocidades (18 nudos por una hora y media), así como tubos de respiración (el “snorkel”) que le permitía al sumergible operar con sus motores diesel estando sumergidos. Sin embargo, no fue hasta la introducción de los reactores nucleares (que proveen de toda la energía al barco, desde la propulsión hasta la capacidad de separar el agua en hidrógeno y oxígeno) que estos barcos se convirtieron en auténticos submarinos. Hoy día un submarino nuclear permanece meses sumergido y su única limitante en la cantidad de alimento fresco que puede embarcar. Por lo demás opera en forma totalmente independiente de la superficie.

El gran florecimiento de la flota submarina de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS, hoy desaparecida) durante las décadas del 50-60 preocupó a las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN). Esto se debía a que dependían de flotas de portaaviones para el ataque y la defensa, y de largas y concurridas líneas de suministros marítimas, por lo que dedicaron especial atención a la guerra anti submarina. La marina Británica era en particular la encargada de cuidar la denominada brecha Groenlandia-Islandia-Gran Bretaña, por donde los submarinos de la flota roja deberían pasar para librar la nueva “Batalla del Atlántico”.

Los submarinos en el Atlántico Sur

Cuando la Argentina ocupó las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982, dando origen al “conflicto del Atlántico Sur”, la superioridad submarina del Reino Unido (en base principalmente a unidades de propulsión nuclear) cerró el mar a las unidades de   ARA “General Belgrano” fuera de la zona de exclusión.

En aquel momento la Armada Argentina contaba con algunas obsoletas unidades submarinas (una de las cuales, el ARA “Santa Fe”, fue hundida en superficie en las Islas Georgias cuando actuaba como transporte) y dos modernos submarinos de construcción alemana del tipo 209, el ARA “Salta” y el ARA “San Luis”. Estos submarinos eran los únicos en condiciones de enfrentar (con posibilidades de éxito) a la fuerza de tareas (Task Force) Británica, y su sola presencia era una preocupación y un dolor de cabeza para ellos. embargo, informes de post-guerra hablan del mal funcionamiento de torpedos y su sistema de control de fuego, que le impidieron asestar un golpe que bien podía haber sido fatal para la flota Británica. De igual manera su tripulación escribió páginas de valor que hoy parecen olvidadas… Pero ¿y el ARA “Salta”?

Contrariamente a lo que la lógica o la imaginación indicaban, El ARA “Salta” no se hallaba sumergido bajo la flota Británica, al asecho, esperando el momento oportuno para atacar. Sin pena ni gloria paso todo el conflicto sumergido en la base naval de Mar del Plata. Lo que no consiguió una entrenada flota anti submarina de la OTAN, es decir la neutralización de las unidades modernas de submarinos argentinos, lo consiguieron en el ARA “Salta” pequeños organismos marinos, lo que en biología denominamos Comunidad bentónica incrustante o “fouling” (irónicamente una palabra inglesa que denomina a estascomunidades).

¿Qué es el Fouling?

Gran parte de los organismos invertebrados del medio marino habitan el fondo del mar, y son denominados en conjunto como comunidad bentónica o bentos (Benthos, del griego, significa fondo del mar). La gran mayoría de las especies habitan sobre sustratos duros (un 75 %), por lo que cualquier sustrato disponible es ocupado rápidamente, incluyendo el casco de los barcos, estructuras de defensa de playas y puertos, y hasta conductos de agua de mar (utilizados por ejemplo para la refrigeración de centrales termoeléctricas, motores navales, etc.). La fijación de estos organismos en los cascos de los barcos produce una disminución de la velocidad y un aumento del consumo de combustible, así como corrosión biológica de las superficies y obturación de conductos.

Para evitar los perjuicios ocasionados por estos organismos, las estructuras sumergidas o en contacto con el agua de mar deben ser periódicamente pintadas con compuestos que evitan o disminuyen su fijación. Con este sentido se han desarrollado a nivel mundial grupos de investigación interdisciplinarios en pinturas o procesos antiincrustantes. En la Argentina este grupo comenzó sus actividades desde 1964, cuando el Dr. Ricardo Bastida inició el estudio de la biología de los organismos incrustantes del puerto de Mar del Plata. Estos estudios biológicos adquirieron importancia práctica al ser integrados profesionales de la Química e Ingenieros en el Laboratorio de Ensayos de Materiales e Investigaciones Tecnológicas (LEMIT).

Las actividades de este grupo incluyeron estudios básicos sobre ciclos de vida y períodos de fijación de estos organismos en sustratos naturales y artificiales, así como investigaciones experimentales con distintos sustratos y pinturas a través de convenios con el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas (CIDEPINT).

Llegan los biólogos al conflicto de Malvinas

Cuando el submarino ARA “Salta” no pudo funcionar, el Dr. Bastida fue convocado en el más absoluto secreto a la base de submarinos de Mar del Plata, por orden directa del

Alto Mando de la Marina, ya que él había trabajado con buques de superficie y submarinos de la Armada en la base Naval de Puerto Belgrano. El ARA “Salta” no podía operar pues las tuberías del sistema de refrigeración se hallaban obstruidas por organismos incrustantes. Diversas alternativas se discutieron, pero ninguna era aplicable en el corto plazo, por lo que en una ultra secreta ceremonia, se decidió que permaneciera sumergido en la base, oculto a la observación satelital, para hacer creer a los Británicos que también estaba actuando contra ellos. Nunca se supo si los británicos conocieron “nuestro secreto”, pero por lo menos la gran mayoría de los argentinos no lo supimos nunca.

Cabe preguntarse porqué uno de los submarinos fue afectado y no el otro. Al parecer, el ARA “Salta” pasó mucho mas tiempo en el puerto, amarrado al muelle y generando su propia energía por medio de los generadores de a bordo. Estos generadores se refrigeran por medio de agua de mar. El muelle de amarre, así como cualquier superficie en contacto con el agua de mar, posee una cíclica comunidad de organismos incrustantes, los cuales dado el largo tiempo de permanencia de los submarinos en la base, fueron colonizando los conductos de refrigeración hasta obstruirlos por completo. El ARA “San Luis” también se vio afectado, ya que su sistema de guía de torpedos funcionó mal por deficiencias en su refrigeración, justamente por la obstrucción parcial de sus conductos. Posiblemente este submarino obtuvo más energía de tierra que por los generadores de a bordo, por lo cual su sistema de refrigeración se vio menos afectado.

Existe una vieja controversia en la ciencia acerca de las llamadas “investigaciones básicas” vs “investigaciones aplicadas”. Este es un nuevo ejemplo donde nuestros

conocimientos de la biología y ecología de comunidades incrustantes (conocimiento básico)bien podría haber sido para evitar el daño (alicación práctica) en el Submarino ARA  “Salta”. La historia se encarga, una y otra vez, de repetir lo viejo en lo nuevo. El ataque del “Tortuga” en 1776 fracasó porque el casco del barco estaba protegido con planchas de cobre, y el barreno no pudo fijar la carga explosiva. Hoy el cobre es uno de los principales elementos activos de las pinturas anti-incrustantes debido a su alta toxicidad. Aquellos viejos navíos se protegían (inconscientemente) de lo que no veían: submarinos y fouling.

Por Rodolfo Elías

Departamento de Ciencias Marinas – FCEN, Universidad Nacional de Mar del Plata.

Deán Funes 3350 B 7602 AYL – Mar del plata. Argentina

 

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