Puigdemont en el mismo acto, declara la independencia y la suspende temporalmente

ctaluña

Más de mil perioristas de todo el mundo, invitados de diferentes sectores de la sociedad, entre ellos, su antecesor Artur Más, la plaza ocupada por miles de independentistas que querían festejar el anuncio de la independencia o la co nstitución de de la república catalana, todos esperando las palabras del President Carles Puigdemont.

El mismo se había reunido desde la mañana en la sesión de los martes, con los miembros del Govern, luego del almuerzo se reunió con diputados independentistas, pero algo hizó que solicitará un aplazamiento de una hora.

¿La causa?

Hasta que no finalizó el acto en el  Parlament, nadie dio explicaciones, pero en los corrillos se comentaba que habría diferencias de opinión con respecto al texto del discurso del President.

El pleno se inició con más de una hora de retraso,  y fue entonces cuando luego de historiar los acontecimientos de las últimas semanas, el president Carles Puigdemont derribó la última frontera que le separaba de la autocracia: anunció que dejaba de obedecer incluso las leyes que, ilegítimamente, se había otorgado a sí mismo, (Convocatoria del Referéndum y Ley de Transitoriedad) y  en pocas frases que no fueron interpretadas por todos,  proclamó al mismo tiempo la independencia y su derogación; se inventó un mandato popular, lo asumió y lo impugnó; reconoció que la Constitución española es un marco democrático y propuso destruir sus límites.

Durante el discurso con el que liquidaba el autogobierno de Cataluña, el president dijo  que estaba transitando el único camino que garantizaba la supervivencia de su autogobierno. El lenguaje articulado ya no sirve, porque el molt honorable ya es independiente incluso de la semántica, maneja como el mejor monologuista los juegos de palabras.

«Cataluña es un asunto europeo», arrancó su comparecencia Carles Puigdemont. Las palabras hace tiempo que dejaron de significar algo para los independentistas, pero espacialmente para él.

Que el president ni siquiera haya sido capaz de decodificar las unívocas declaraciones de los representantes de la Unión Europea, demuestra que su autismo político es incurable y que por tanto es inútil seguir oponiéndole argumentos racionales. Hizó válidas las palabras de la vicepresidenta Santamaría, cuando le pidió que retornara a la realidad y saliera de la ficción.

En democracia las formas significan mucho. Sin formas, sin respeto a los protocolos, pero fundamentalmente la falta de respeto a la Ley, hace que reine la arbitrariedad y la confusión, algo que  en Cataluña toda formalidad democrática ha quedado abolida. El único lugar donde se cumple el orden del día es en la calle, donde la intimidación es puntual e inaplazable.

La autoridad ha dejado de serlo y a cada momento emergen figuras inventadas e insólitas, como esa de la mediación internacional cuya invocación por parte del Govern confirma que ha asumido definitivamente su papel de organización clandestina, cuando ningún país de la Unión Europea le ha manifestado oferta de mediación, solo se ha pedido al Gobierno de Rajoy que dialogue no al de la Generalitat, por entender que es un asunto de Estado interno.

La situación a la que su gobierno ha conducido a Cataluña es tan delirante que el punto de cordura lo puso a media tarde un diputado de la CUP, cuando explotó en los despachos: «Estamos haciendo el ridículo». Puigdemont no traicionó a la CUP, tal y como le acusan sus disparatados socios, sino al principio de realidad. Y es necesario que la realidad se imponga.

Es imprescindible que las palabras sigan teniendo un significado y lo cierto es que Puigdemontdeclaró la independencia, aunque sólo fuera por unos segundos. Si ahora el Estado no hace cumplir la Ley significará que se ha prestado a habitar el universo delirante en el que habita el Govern. Claro que si interviene dará motivos a que se le considere un gobierno represivo…

Hace ya más de un mes que el gobierno catalán selló el Parlament  autonómico con un autogolpe con el que el poder ejecutivo tomaba por asalto y a lomos de la agitación callejera el poder legislativo

En la sesión golpista de los días 6 y 7 de septiembre, en la que se atentó contra el reglamento de la Cámara para aprobar la Ley de Transitoriedad, el president Carles Puigdemont cortó las ligaduras que le ataban a la voluntad popular.

Desde entonces, el Govern vuela libre, sin responder a la sentencia del Tribunal Constitucional, pero al mismo tiempo sin acatar las propias leyes del Parlament, en eso si que han sido independientes-

En su última comparecencia, Puigdemont fue más allá: declaró la república catalana, pero impuso algo mucho más importante, porque al fin y al cabo la independencia depende de que la comunidad internacional  la reconozca. Puigdemont hoy a últimas horas de la tarde, nauguró la autocracia en Cataluña y el único que puede derogarla es el Estado mediante la imposición de la Ley. Es imposible el diálogo con aquel para el que las palabras han dejado de tener algún significado.

Hubo decepción entre las huestes de la CUP, que probablemente se planteará dejar de apoyar a Puigdemont-

Una vez finalizada la sesión parlamentaria, los diputados de JuntspelSi, la CUP, PdeCat pasarón al Salón Mayor, junto con algunos invitados  para firmar fuera del Parlament, un manifiesto sin ningún valor jurídico, titulado Declaración de los Representantes de Cataluña, comprometiéndose a la independencia de Cataluña.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

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