El 1-O manejó la comunicación y la ficción con resultado muy efectivo a nivel mediático

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Durante los últimos días las redes sociales han sido el instrumento válido, para publicar toda suerte de bulos, de imágenes destacando según la ideología del “editor”, mostrando la represión o al contrario, exhibiendo los “escraches” a la Guardia Civil y a la Policia Nacional.

Es  decir, la ficción, toda la ficción  exige del espectador la suspensión de la incredulidad. Es una forma algo sofisticada de decir que para disfrutar de una farsa hace falta algo de colaboración. Pero todo tiene un límite. La ficción de calidad requiere de la suspensión de incredulidad del espectador; la ficción pobre necesita que el espectador finja ser idiota.

En cuanto la farsa del referéndum traspasó ese límite, es decir, en cuanto hubo que inventarse un censo universal para que el espectáculo continuara , a una hora del comienzo del referéndum ilegal, se cambiaron las reglas del juego, se incorporó el “censo universal”, algo asi como “vota donde quieras, total no hay control”,  colegios que cerraban  y volvían a abrir luego de unas horas, por no hablar del recuento,  recién cuatro días después se conocerían las cifras “oficiales”.

Fue entonces cuando la independencia de Cataluña se empezó a justificar, no ya por la voluntad democrática libremente expresada por el pueblo catalán, sino por la represión ejercida por la Policía y la Guardia Civil. Por eso ha sido tan crucial la omisión  de los Mossos d’Esquadr. Su escasa colaboriación-.

Había una policía patriótica y una policía de ocupación. Un cuerpo que protegía a su pueblo y otro que arrojaba ancianas por las escaleras de los centros de votación.

Se colgaron imágenes de 2012, de cargas de la policía turca y de una protesta de mineros.

Esta farsa también requiere de la suspensión de incredulidad de los espectadores. Por de pronto, es preciso que se olviden de las brutales cargas con las que los Mossos disolvieron las manifestaciones de indignados de la Plaza de Catalunya, del año 2012,  las denuncias de torturas y tantos episodios que impugnan el papel que al cuerpo autonómico se le ha concedido en esta producción. Pero es más fácil creer que un referéndum cuyo convocante, Carles Puigdemont, cambia de colegio electoral en la misma mañana de la votación, va en auto a votar, mientras miles de personas se encontraban frente y dentro de los colegios desde las cinco de la mañana, exponiéndose a las cargas policiales.

Desde el mismo 1 de octubre empezaron a distribuirse imágenes falsas que culpaban a la Policía y la Guardia Civil de lesiones inventadas. Como el de esa pobre anciana que se cayó sola por la escaleras del colegio Freire del barrio de Roquetes de Barcelona, donde no había presencia policial, y que, en segundos, terminó convertida a su pesar en víctima de la violencia desmedida de los agentes españoles.

O la fotografía que corrió como la pólvora por las redes sociales de un menor sangrando por la cabeza y que sirvió para que activistas de la red señalaran como culpables a los guardias civiles. La imagen había sido tomada en 2012 en una manifestación a las puertas de un Corte Inglés en Tarragona que fue   sofocada por los Mossos d’Esquadra.

En Twitter se difundieron cargas de la Policía turca, sangrientas fotografías de una manifestación de mineros en Madrid y la violencia de falsos agentes provocadores que resultaron ser provocadores, no agentes. Quizás el montaje más difundido haya sido lo que una noticia de La Vanguardia describió como “el relato estremecedor de Marta Torrecillas con la Policía Nacional”.

La concejala de ERC en Gallifa (Barcelona) envió a su madre un mensaje de voz en el que le contaba que en el Institut Pau Claris del barrio del Eixample, en el centro de Barcelona,  un policía le había «roto los dedos [de una mano] uno a uno». El mensaje se hizo viral y junto a él algunos tuiteros incluyeron un número de placa  ficticio para «que no se quede sin castigo». Horas después La Vanguardia rectificaba su información y aclaraba que la propia concejala de ERC, aclaró que “solo tenía una capsulitis en un dedo”, pero de la otra mano, no de la que aparecia vendada…….

La Generalitat informó de que cerca de 900 personas fueron heridas

El 1 de octubre los agentes de la Policía y la Guardia Civil emplearon la fuerza para acceder a algunos de los colegios donde se estaba celebrando la votación. Intervinieron en muy pocos. Un porcentaje ínfimo. La propia Generalitat aseguró que se había votado en el 73% de las mesas dispuestas para ello. Hubo heridos, ciudadanos y agentes, como siempre que las fuerzas de seguridad emplean la fuerza para cumplir un mandato judicial.

Habrían sido muchos menos si los Mossos hubieran cumplido con su deber y precintado los colegios de madrugada, cuando la afluencia era mínima. Los heridos -los ciudadanos, por supuesto, no los agentes- se pusieron de inmediato a disposición de la maquinaria de propaganda del secesionismo. ElDepartamento de Salud de la Generalitat informaba el lunes de que cerca de 900 personas fueron atendidas a causa de la actuación policial.

La noche del domingo, el aparato de propaganda independentista fundió a negro la ficción del referéndum y empezó a producir una nueva trama con la que prolongar -y exacerbar- la movilización callejera.

La insólita huelga de ayer ya no pretendía reivindicar el reconocimiento de la voluntad de los catalanes expresada en las urnas. La petición de huelga había sido tramitada el pasado 21 de septiembre por sindicatos minoritarios y, como por arte de magia, se convirtió en una parada de país para protestar por la represión policial del 1 de octubre. En dicha huelga, los principales sindicatos decidieron apearse al conocer el sentido del paro.

La precaria farsa del referéndum había sido sustituida por una ficción mucho más efectiva, mucho más inclusiva y movilizadora, capaz de concitar el apoyo de miles de ciudadanos bienintencionados que no tenían por qué simpatizar con el referéndum. Bastaba con que se sintieran conmovidos por el sufrimiento de un pueblo pacífico que había sido apaleado.

En un primer momento, funcionó, medios internacionales ignoraron que en Cataluña se había  producido un inmenso fraude electoral, un “pucherazo”, que como en la popular comida, se mete de todo, se cocina todo lo que se echa en la olla.

Recién en la reunión del Parlamento de la  UniónEuropea, los pronunciamientos de los parlamentarios estuvieron centrados en el fallido acto electoral, mencionado la necesidad de diálogo entre las partes y reconviniendo al gobierno de Rajo por el uso de las cargas policiales, aunque también recriminaron el acoso y los “escraches” sufridos por las fuerzas de seguridad.

Hugo Barze – Corresponsal en  Europa

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