El Atlético estrenó el Wanda con un triunfo junto al Rey

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A  muchos aficionados “ colchoneros “  se les hizo el día eterno.  Durante la semana previa, se extendió la idea  de llegar con mucho tiempo al primer partido de Liga donde se estrenaría el Wanda Metropolitano.

La directiva del club tuvo en cuenta  que debía ofrecer algo más a sus aficionados que una inauguración espectacular, (que lo consiguió), las nuevas instalaciones permiten el acceso nada más y nada menos que a 14.000 hinchas más del club rojiblanco.

Pero, la falta de aparcamientos en el entorno, una sola línea de metro que llega a metros del estadio, los escasos bares y restaurantes, al menos de momento que se encuentran en las proximidades, hicieron que Cerezo y sus directivos, programarán actuaciones musicales, instalarán juegos para los niños y colocarán “chiringuitos” (kioscos) para vender bebidas y bocadillos y hacer más agradable la espera.

Poco después de las siete de la tarde, dos señores  que van por los “ta y tantos”.. se sentaban en las escaleras que dan acceso a la tribuna principal. «Hemos entrado  muy pronto», le dijo uno al otro mientras miraba el mini de cerveza como los niños miran las acelgas. Los dos tenían hipo y los dos maldecían la cola que había para usar los baños portátiles,.

Ellos, como casi todos los  68.000  atléticos que estrenaron este sábado el Wanda Metropolitano lucían una sonrisa. Vivieron un día para la Historia. Otra cosa es que los miles de atléticos que llegarón varias horas antes,  se acuerden bien de todos los detalles.

La tienda del club fue  como no podía ser de otra manera,  fue de las pocas instalaciones  exteriores que ya estaban operativas en el Wanda.

Fue un estreno brillante delante de las cámaras, menos brillante detrás.

 Brillante no, brillantísimo.

El estadio, una vez sentado en la grada, es sencillamente espectacular. La luz, el marcador que da la vuelta al anillo del estadio –Ribbon board se llama-, la acústica, brutal, la amplitud, inmensa.

Del otro lado de las gradas, se advierte que hay muchas cosas que terminar.

«Si vas al baño, ponte casco», le advertía un amigo a otro, y otro  refunfuñaba porque, en la tribuna -lo que antes era la parte de  La Peineta, vaya- sólo había un bar abierto y sin comida.

Un consejo: para el próximo sábado, contra el Sevilla, lleven bocata, que es a la hora del almuerzo. No es algo inesperado pues ya lo advirtieron desde el club, que al estadio le faltan unos meses para estar completamente operativo, y la hinchada así lo asumió. A un pequeño, de la mano de su padre, todo eso le importaba un pimiento.«¡Hala, qué grande!», dijo, y se sintió importan y orgulloso de asistir al estreno del Wanda.

Imagen del interior del estadio

La afición en general , estaba encantada. Es verdad que hubo momentos de agobio en el metro, que a ratos las escaleras de acceso a la plataforma donde están las puertas fuesen un suplicio o que la bandera, -¡qué tremenda bandera una vez bien puesta!- se quedase pegada al mástil porque no hacía viento.

Una fiesta, que encima terminó mejor porque concluyó con un triunfo sobre el Málaga, que encima y para mayor alegría, lo dirige Michel, ¡Si, el del Real Madrid! otro motivo para festejar, ganarle a un “blanco”.

Enrique Cerezo, a su llegada al Wanda Metropolitano en metro

 Enrique Cerezo decidió salir del  Amazónico, donde comió con la directiva del Málaga, ir hasta la estación deParque de las Avenidas y, a eso de las 17.00 horas,  bajar a  la línea 7 de metro hasta la ahora  estación Metropolitano  (hubo que cambiarle el nombre ).

En el vagón, los primeros cánticos: «El escudo no se toca».  Precisamente, lo han cambiado y no todos los hinchas están conformes.

A la salida, en las inmensas escaleras que dan acceso a la nueva casa del Atlético, incluso se encaró con algún aficionado. La tensión había ido en aumento, pero Enrique Cerezo estaba con sus guardaespaldas, para evitar males mayores, fue acelerando hasta entrar en la tienda del club, atestada a esta hora, y buscar tranquilidad en el almacén, que básicamente fue lo primero que tuvo a mano el buen hombre.

Fuera, la vida seguía. Pasaban muchas cosas. Pasaban unos hinchables a pleno rendimiento para los niños, unas barras  vendiendo birras,  ya saben (2 x 1) como en las “Happy hours” trasladadas al fútbol, terminaban sin cambio y casi sin barriles, un Dj que se venía arriba con el «Madridista el que no bote es, es» y unas discusiones muy simpáticas sobre si la tercera equipación del equipo es ahora verde o azul, o las dos cosas.

La estrella de las ventas fue una camiseta conmemorativa del estreno del Wanda Metropolitano. Burro (no es un insulto, es ese carrito donde van colgadas muchas perchas) que aparecía en la tienda, burro que se quedaba vacío. Eso sí, como la cola para pagar era parecida a la del Zoo en un día festivo, muchos desistían de la compra.

                 Banderas rojiblancas en el interior del campo.

A la salida, alguna papelera desbordada y la marabunta procedente del metro en aumento. A las siete se abrieron las puertas y cuando faltaba más de un cuarto de hora el estadio estaba prácticamente lleno.

Las canciones, las de siempre y, claro, el himno también. Un himno que dice que ellos se van al Manzanares, al estadio Vicente Calderón.

Habrá polémica acerca de cambiar la letra o dejarla tal cual. La gente se reencontró con sus cánticos acaso para no sentir que todo era nuevo, que la esencia del viejo estadio seguía en el nuevo. Llegó Su Majestad el Rey Felipe VI, bajaron los paracaidistas, un clásico, y salieron Gárate, Torres y Hugo (un chico de la cantera) a hacer el saque de honor. Para ese momento, quizá los dos , aquellos de más de cincuenta de las escaleras ya estarían con los ojos cerrados.

Ah, Atlético de Madrid 1 el Málaga de Michel , 0

¿El gol?

El de casi siempre, el “Principito”, Antoine Griezmann..Su gol, pasará a la historia del Atlético de Madrid y será recordado por años.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

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