El Papa Francisco herido al golpear su cara contra estructura del papamóvil

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Francisco sufrió este domingo una pequeña cortadura en la ceja y una inflamación en el pómulo izquierdo después de un frenazo del papamóvil que lo transportaba por un barrio de la caribeña ciudad de Cartagena.

El pontífice de 80 años saludaba a los cientos de personas que lo recibían en el marginal barrio de San Francisco cuando, por la multitud que se agolpaba en las calles, el vehículo que lo movilizaba frenó súbitamente.

La maniobra le hizo estrellarse contra el vidrio. Uno de los agentes de seguridad lo asistió al momento y le limpió con un pañuelo blanco el sudor y la sangre, que le alcanzó a manchar el simar (capa de la túnica blanca).

“Me dieron una piñada (puñetazo)”, bromeó el pontífice al ser preguntado más tarde por periodistas.

Francisco, a pesar del golpe y cerró este domingo su visita de cinco a días a Colombia, siguió con su recorrido de 3,5 kilómetros hasta la plaza central de San Francisco, uno de los barrios más pobres de la conocida ciudad turística.

Posteriormente, el jerarca reapareció ante sus fieles con una curación en el rostro y su túnica limpia.

Como siempre, más se demoró en golpearse que su guardia personal, Domenico Giani, en asistirlo. Uno de los ‘hombres de negro’ que iba a pie, protegiendo el papamóvil, fue quien le pasó el pañuelo a Giani para que el pontíficie se limpiara la sangre.

Ya está de regreso a Roma

El Papa ya viaja rumbo a Roma luego de abogar principalmente por la paz y la reconciliación en un país que busca superar un conflicto armado de cinco décadas.

El papa Francisco evocó el lado oscuro del narcotráfico y de las muertes que ocasionó a jóvenes colombianos durante un encuentro con sacerdotes y monjas en una plaza de toros en Medellín.

El Santo Padre exhortó a fieles y religiosos que acompañen el dolor de la gente y perdonen a aquellos que destruyeron la vida de esos jóvenes. “Tantas vidas destruidas por los sicarios de la droga”, dijo el papa al detenerse durante la lectura de un discurso ante jóvenes sacerdotes, religiosos, monjas y sus familiares, a quienes llamó a convertirse en “callejeros de la fe” y “ser promesa de un nuevo inicio para Colombia”.

Medellín fue bastión en décadas pasadas de uno de los más sanguinarios carteles de las drogas. Francisco no había mencionado durante su visita pastoral directamente el tema del narcotráfico y el costo que tuvo para esta ciudad del noroeste colombiano y para el país.

 

 

 

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