VICTOR LAPEGNA: Unidos o dominados, opción que afrontamos los argentinos

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Grandes yacimientos de litio en Jujuy y de plata en Chubut, gas y petróleo en Vaca Muerta, la feracidad de la Pampa húmeda, un vasto territorio poco poblado con gran disponibilidad de agua potable son apenas algunas de las grandes riquezas con las que Dios dotó a la Argentina.

Una de las condiciones necesarias esenciales para que esas enormes riquezas potenciales se transformen en abundancia de bienes a los que tenga acceso la población a través de su justa distribución, es la unión nacional expresada en algunos acuerdos estratégicos básicos que compartamos todos los argentinos.

Por otro lado, aquellas grandes riquezas suscitan la ambición de diversos y poderosos grupos de interés transnacionales que se proponen sacar de ellas el mayor provecho posible para sí, objetivo que les será más fácil de alcanzar cuanto más débil sea el poder de los argentinos para hacer valer su interés propio en la negociación con esos poderes transnacionales por el uso de nuestras riquezas potenciales.

Nos parece que lo antedicho son verdades evidentes y de ellas es plausible concluir que aquellos grupos de interés transnacionales han de apelar a sus abundantes y diversos recursos para evitar que en la Argentina se logre la unión nacional y en base a ella se consolide un sistema de poder democrático que exprese y sea capaz de defender los intereses permanentes de la Nación y del pueblo.

Sin incurrir en teorías conspirativas de la historia cuyo principal defecto es que son falsas, parece razonable suponer que la influencia de esos poderosos grupos transnacionales de interés promueva a la tan llevada y traída “grieta” que nos divide a los argentinos y a los episodios de violencia que atraviesan nuestra realidad cotidiana, desde los novedosos grupos insurgentes de la comunidad mapuche (cuyos reclamos de autonomía comprenden los espacios donde están Vaca Muerta y los yacimientos de plata de Chubut) y los planteos indigenistas de grupos como Tupac (con epicentro en Jujuy, donde se localizan nuestros mega-yacimientos de litio), a los grupos provocadores que se declaran anarquistas y generan violencia en grandes movilizaciones populares o el caso de la desaparición forzosa de Santiago Maldonado.

Ya en las décadas de 1960 y 1970 la Argentina fue el escenario de una de las batallas de la Guerra Fría en la que las dos voluntades que se enfrentaban en esa contienda mundial (Estados Unidos y sobre todo la Unión Soviética, en especial a través de Cuba), apoyándose en conflictos existentes en nuestra realidad nacional, desplegaron aquí contingentes de combatientes que eran instrumentos de los poderes que se disputaban el poder mundial, ambos ajenos y contrarios a los intereses argentinos, aunque la inmensa mayoría de aquellos combatientes no eran conscientes de ello, fueron usados como piezas desechables de esa caliente y sangrienta batalla local de la Guerra Fría.

Pasados casi 30 años de la finalización de la Guerra Fría, las dramáticas consecuencias que nos dejó aquella batalla todavía son heridas abiertas en la comunidad nacional y sentimos que sería patético que, con formas y dimensiones distintas, repitiéramos hoy los padecimientos de ese ayer cercano.

Creo que era Jauretche quien decía aquello de que “lo malo no son los de afuera que nos compran, sino los de adentro que nos venden” y una de las peores formas de “vendernos” es la incapacidad de los dirigentes de todos los ámbitos para reconstruir la comunidad organizada, promover la unión nacional y diseñar y poner en marcha un modelo consensuado que sea expresivo de nuestros intereses permanentes.

 

 

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