La Tomatina de Buñol, cierra con éxito su 72 batalla universal

GRA080 BUÑOL (COMUNIDAD VALENCIANA) 30/08/2017.- El estallido de una carcasa pirotécnica ha marcado, a las 10.55 horas, el inicio de la Tomatina de Buñol (Valencia), que en su septuagésima segunda edición reúne a más de 22.000 personas para lanzar 160.000 kilos de tomates maduros durante alrededor de una hora.EFE/ Miguel Angel Polo

La Tomatina ha congregado a más de 22.000 personas en Buñol para lanzarse 165.000 kilos de tomates

Buñol es una población  valenciana de diez mil habitantes, que anualmente congrega el doble de personas que se acercan para participar en la TOMATINA, una celebración  en la que los asistentes se tiran tomates y es asi que proyectil arriba y proyectil abajo, cruzan los aires de Buñol, en un espacio acotado de unos cuatrocientos metros.

Aunque el juego ha sido sencillo y las indicaciones mínimas, la seguridad  en esta oportunidad sí que ha sido máxima. El estallido de una carcasa pirotécnica ha dado paso este miércoles, a las 10.55 horas, al inicio de la Tomatina.

Ríos de líquido rojo han acabado impregnándolo todo. El lugar podría haber sido un escenario de Juego de Tronos y la tinta colorada, sangre derramada. Afortunadamente, se trata sólo de jugo de tomate. Y, con este entorno, la edición número 72 de la Tomatina -considerada Fiesta de Interés Turístico Internacional– ha batido todos sus récords: más munición que nunca, con 165.000 kilos de tomates, y repitiendo pleno de asistencia

Los tomates, objeto principal de la fiesta, son entregados por los productores de la zona y se trata de frutos inservibles para el mercado, demasiado maduros para ofrecerlos, pero que al estar blandos no lastiman a los participantes, aunque algunos son arrojados con especial violencia.

Centenares de estadounidenses, japoneses, británicos, alemanes, coreanos, franceses, italianos, indios y australianos, por citar sólo algunas nacionalidades, han formado sus propias huestes. Contra sus propios camaradas y contra el resto.

TODOS CONTRA TODOS

También contra los 5.000 buñolenses que han participado en esta batalla internacional que se da cada año en su localidad. Con las ganas de pasarlo bien como bandera, no se ha salvado nadie: amigos, familiares e incluso desconocidos han recibido tomatazos. Así, las22.000 personas que han llenado la calle principal que linda con el Ayuntamiento han quedado duchadas de este kétchup.

Para  proteger vidrieras, puertas y frentes de las viviendas, oficinas o comercios, los propietarios colocan tablas para evitar contratiempos desagradables…. Y costosos..

Desde primera hora de la mañana -casi antes de que saliera el sol-, los participantes ya estaban concentrándose en esta localidad del interior de la provincia de Valencia e incluso intentando coger un sitio privilegiado. Algunos curiosos, algo perdidos, se agolpaban en las plazas del pueblo esperando a que empezara la lluvia de tomate. De esta guisa, se han cruzado quienes llegaban en tren, coche o cualquier otro medio de transporte con aquellos que ya estaban allí disfrutando de la noche buñolense, una de las mejores fiestas nocturnas, según los vecinos.

Muy pocos minutos antes de que el reloj tocara las once de la mañana ha sonado el estruendo que da comienzo a la batalla. Eso sí, con el aperitivo previo, que es la cucaña enjabonada que sostiene el preciado jamón y que, por cierto, nadie ha conseguido alcanzarlo. A la hora de la verdad, los trozos de tomate no han tardado en volar de un lado a otro. Pero con la prevención por delante, pues los participantes llevaban la lección aprendida de casa: antes de lanzarlo, hay que aplastar el tomate para evitar dañar a alguien.

A los pocos minutos de que cada guerrero, fuera visitante o local, tomara su posición de ataque, ya estaba todo impregnado de rojo. Muchos han optado, además, por revolcarse sobre el asfalto ya convertido en una alfombra rojiza y ácida. El olor a hortaliza se ha expandido rápidamente en el ambiente, pero no ha sido ningún impedimento para dejar de lanzar tomates a diestro y siniestro.

Hay un protocolo no escrito que siempre se repite: la demanda de más munición, que llega a bordo de siete camiones cargados de tomate  que van turnándose para circular  por la calle principal.

Los gritos, en diferentes idiomas, por supuesto, inundan las calles del municipio, pero no siempre de alegría. Con media sonrisa, un visitante británico se queja de algún tomatazo que les ha pillado por sorpresa; una vecina grita por un pisotazo; un holandés novato se lamenta de que no podrá quitar las manchas de sus vestimentas. Por eso, el equipamiento es fundamental para semejante lucha hortofrutícola: zapato cerrado y gafas de bucear.

Máxima seguridad

Para evitar que el jolgorio no acabe aplastado como las 165 toneladas de tomates, la seguridad de todo el encuentro ha estado estudiada hasta puntos insospechables, «reforzada y adaptada» tras los atentados en Cataluña, según Delegación de Gobierno.

Con un dispositivo de seguridad compuesto por unas 700 personas, entre Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos, personal sanitario, miembros de Protección Civil, además de voluntarios, Buñol ha incluido un blindaje de acceso al recorrido con vehículos policiales, puesto que está decretado el Nivel 4 con refuerzo de las medidas de seguridad en áreas de concentración de personas. El Ayuntamiento, además, ha querido dar especial atención a los temas de agresiones machistas y sexuales.

Pasada una hora, a dos minutos de las doce del mediodía, otro disparo ha marcado el fin de la batalla, aunque la fiesta continúa. Los ríos -también lagos- de caldo de tomate lo han inundado todo. Se salvan algunas fachadas, protegidas por lonas y maderas. Pero quienes no se salvan de empaparse de salsa son quienes ha limpiado el recorrido de forma rápida y eficaz.

El cansancio es patente en los rostros de los participantes, no sólo por el esfuerzo realizado por estrangular tomates sino por lo acumulado durante las fiestas buñolenses… y hasta el año que viene.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

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