Los  independentistas  quisieron cambiar  el  sentido  de  la manifestación  en  homenaje  a  las víctimas  de  Barcelona

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La anunciada concentración realizada el sabado en Barcelona demostró  la capacidad logística del soberanismo que logró  convertir la manifestación de recuerdo a las víctimas en un indisimulado ataque al jefe del Estado, Mariano Rajoy y los miembros de su Gabinete.

Dos horas antes del  comienzo  de la manifestación, cientos de personas ataviadas con insignias secesionistas ya esperaban apostadas en el tramo del paseo de Gràcia en el que  se formaría la cabecera de autoridades, mientras decenas de voluntarios repartían a toda prisa pancartas en las que predominaban lemas escritos en catalán, castellano e inglés como: «Felipe, quien quiere la paz, no trafica con armas» o «Mariano, queremos la paz, no vender armas».

En las jornadas previas a la segunda visita del monarca en relación al atentado, dirigentes de la CUP, Junts x Si y la ANC, atribuyeron el ataque con la venta de armas y operaciones económicas con Arabía Saudí.

Felipe VI, el presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, y los miembros de su Gabinete fueron abucheados en el paseo de Gracia barcelonés por miles de personas estratégicamente ubicadas junto a la cabecera de la manifestación que, atendiendo a la petición de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) asistieron con banderas esteladas (secesionstas).

Pocos minutos antes de las seis de la tarde, Carles Puigdemont era acogido con aplausos y gritos de «president» e «independencia» a la manifestación, pero los soberanistas reservaban una respuesta muy diferente para los representantes del Estado.

Ya la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, recibió una sonora pitada, que se incrementó cuando Rajoy hizo acto de presencia y alcanzó su punto álgido cuando, a última hora y atendiendo al protocolo, Felipe VIse sumó a la concentración para convertirse en el primer Rey de España que acudía a una manifestación ciudadana.

«Fora il  Burbon», «No tenemos miedo, no tenemos Rey» o «Puto Rey», fueron algunos de los reiterados gritos que Felipe VI tuvo que soportar durante la hora que duró la concentración.

La ANC, Òmnium y el resto de entidades que rechazaban la presencia del Monarca y el Gobierno en la marcha  desplegaron una enorme pancarta que se erigía sobre el medio millón de personas que ayer se manifestó en Barcelona y en la que se podía leer: «Vuestras políticas, nuestras muertes», junto a una fotografía de Felipe VI y el Rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdulaz” el climaempezó a crisparse el viernes,como ya informó “El Retrato de Hoy”, día en el que el presidente de la Generalitat decidió quebrar la unidad al acusar al Gobierno de «hacer política» con la seguridad de los catalanes y advertir: «No veo cómo el Estado puede parar» el referéndum.

También en la víspera de la concentración de ayer el presidente de la ANC, Jordi Sànchez, arengaba a sus asociados: «La mejor respuesta a la presencia de jefes de Estado en la manifestación del sábado son miles de banderas con un crespón negro».

Dicha expresión fue rápidamente contestada por la alcaldesa de Barcelona, que le contradijo claramente «No debe ser una manifestación de banderas», rebatió Ada Colau horas antes de que diera comienzo la manifestación, aunque como quedo demostrado,  fracasó en su intento de despolitizar una marcha, que ya empezó a desvirtuarse cuando la CUP amenazó con ausentarse por la presencia del Rey.

El choque de banderas efectivamente se produjo y las estelades se impusieron tanto en número como en presencia mediática, especialmente en la realización de la televisión pública catalana. Algunos manifestantes con enseñas españolas entraron en la disputa que emborronó el  sentido de una manifestación que se realizó fundamentalmente en recuerdo a las víctimas,  para agradecer al Rey su presencia en Barcelona a sabiendas de la encerrona que el independentismo había diseñado para recibirlo. «¡España contra el terrorismo, gracias Majestad!», clamaba una pancarta que recorrió el paseo de Gràcia entre intimidatorios silbidos.

Quienes recibieron el mayor reconocimiento fueron quienes encabezaban la manifestación y portaban la pancarta con el lema que el propio pueblo popularizó“NO TINC POR”- Prevalecio el  reconocimiento de los miles de asistentes a los cuerpos de seguridad, bomberos, sanitarios, comerciantes, taxistas y vecinos que socorrieron a las víctimas del atropello masivo en Barcelona.

Las furgonetas de la Guardia Urbana de Barcelona fueron cubiertas de flores, mientras la policía autonómica catalana era jaleada al grito de «Mossos, Mossos» y los familiares de los fallecidos situados al frente de la marcha recibían el calor de los asistentes.

Un reconocimiento que fue posible gracias a un enorme y visible operativo de seguridad. Francotiradores con subfusiles dispuestos en las azoteas de los edificios del centro de la ciudad controlaban el transcurso de la concentración mientras otras medidas más espectaculares prevenían cualquier intento de emular el atentado de Las Ramblas, como la disposición de autobuses cruzados en la calzada rodeados de agentes para impedir el acceso de vehículos a la zona en la que se congregaba la multitud.

La manifestación adoptó el tono propio de un homenaje conforme los miles de barceloneses que habían quedado relegados en la cola, lejos de las autoridades y las polémicas partidistas, avanzaban hacia la plaza deCataluña,donde  el ya icónico «No tinc por» volvió a retumbar como si una sola voz lo entonase.

Una vez  disuelta la concentración, numerosas personas quisieron desplazarse para honrar a los alcanzados por el zarpazo yihadista. Para pasear el famoso paseo  de arriba hacia el puerto,  tal  como hacían las víctimas antes de ser arrolladas y como los barceloneses se proponen seguir haciéndolo  a pesar de la amenaza terrorista.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

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