¿Qué árabe reservó una habitación de hotel para dos, que no se ocupó en Sant Sadurni de Noia?

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Sant Sadurní d’Anoia nunca ha estado más concurrido. Desde el lunes por la tarde, sus callejuelas laberínticas se han visto tomadas primero por los Mossos d’Esquadra. Después, por periodistas. “Yo no sé nada, y aunque lo supiera, no lo diría”, es la respuesta común a la pregunta del millón: ¿quién es esa vecina experta en fisonomía que alertó al 112 al ver en la gasolinera, al hombre más buscado de España?

“En este pueblo, todo es cuesta arriba”, suspira resignada una joven a la puerta de la estación. “Tú sigue recto y para arriba, allí pasó todo”. Y sí, pasó cuesta arriba, bajo la mirada vigilante del castillo de Subirats, allá en lo alto, y frente a una masía semiabandonada, en mitad de un viñedo. Los vecinos se tranquilizan los unos a los otros: “Ya pasó todo”. Lo que no saben es que, quizá, todo empezó mucho antes de que su pueblo se llenara de forasteros. Mossos, primero; periodistas, después.

“La masía era de mi bisabuelo“, cuenta un orgulloso Pere Carbó, de “casi, casi 80 años”, mientras recoge tomates y pimientos de la huerta. En esos campos que labra su familia desde tiempos remotos fue abatido, en la curva de la carretera,Younes Abouyaaqoub, el yihadista que cuatro días antes había segado la vida de 13 personas en La Rambla de Barcelona. La benjamina de Pere, Núria, sin embargo, empezó a temer lo que llegaba el mismo jueves por la noche. Y llegó.

Tras su acción terrorista en el corazón de Barcelona, a eso de las cinco de la tarde, Younes salió de la furgoneta armado, corrió a través del mercado de La Boqueria y siguió cruzando Barcelona hasta que encontró lo que buscaba: el Ford Focus de Pau Pérez, a quien también asesinó para robarle el vehículo y proseguir su huida.

Tras arrollar literalmente un control de los Mossos en la Diagonal, el vehículo apareció en Sant Just Desvern. Del terrorista no se supo más.

nuria     Pere y Núria Carbó, en la masía familiar, rodeada de viñedos. Jueves, 21.30.

Entra una reserva de Booking en la página de la Fonda Neus, en Sant Sadurní d’Anoia. “Una reserva rara”, recuerda Núria. Requerían una habitación familiar, que se paga a cuatro personas/cuatro desayunos, para pasada la medianoche.

El nombre del cliente, claramente árabe. “No, no era él, ese nombre lo tengo grabado, pero recuerdo que también tenía dos a“. La gerente, inquieta, pregunta en francés qué edad tienen los niños, “para poner camas supletorias o alguna cuna”. “No hay niños”, le responden, también en lacónico francés. Extrañada, indaga:

– ¿Pero cuántas personas son?

– Dos.

Esta respuesta inquieta a Núria que  llama a los Mossos de inmediato: “Igual estoy paranoica, pero esto es muy raro”, les dice. Los policías no ven ninguna paranoia y van llamando cada hora para preguntar si el inquilino ha llegado. Ella espera. La una, las dos, las tres… Nadie aparece. A las siete, una pareja de Mossos se lleva la reserva para investigarla. “Y ayer van y revientan a Abou… como sea, en frente de casa”. Y subraya un detalle: la reserva era para dos.

Aún con el susto en el cuerpo, los vecinos de esta tranquila comarca en elAlto Penedés están deseando volver a sus quehaceres diarios y olvidarse de todo. La acción terrorista aunque sucedió lejos, en realidad llegó hasta sus mismas puertas. “Yo siempre dejo abierto, pero desde ayer, ni hablar”, niega con la cabeza Juliana Patiño, en la última casa de una calle desierta en la urbanización Casablanca, en lo alto de un monte. Desde su terraza, muestra la inmensidad deSubirats, kilómetros y kilómetros de montañas jaspeadas por viñas.

Y allí, al fondo, la carretera en la que el lunes refulgían las sirenas de los coches patrulla, gritaban las ambulancias y soplaban, desde lo alto, las hélices de los helicópteros, frente a la ventana de Juliana. “Nos pasamos la tarde entre la terraza y la televisión”, recuerda. “Aquí no estamos acostumbrados a estas cosas”. La buena suerte quiso que su familia no sufriera los estragos del terrorismo la pasada semana. “Mi hermana vive en Miami Playa, al lado de Cambrils, sus hijos pasan las noches allí en las terrazas, menos mal que el jueves no fueron”, suspira.cadaver                     Levantamiento del cadáver del terrorista abatido en Subirats

Y si los vecinos siguen en shock, lo mismo sucede con  quienes pasaban por ahí. Y en este tema,  Cristiano Pecchi es el campeón. Este turista italiano salió el domingo de Benicássim, donde había asistido a un festival, y leyó en el periódico de un bar , que uno de los terroristas de Barcelona estaba huido.

Pecchi transitaba  por lugares que reconocía de los telediarios: Alcanar, Cambrils… Y de repente, su coche se averió en Subirats. Estaba en el taller, junto a la famosa gasolinera, cuando escuchó un estruendo. Tiros, sirenas, medios… Todo ante sus ojos. “Se me han chafado las vacaciones”, afirma. Su compañera de viaje, sentada en el borde de la carretera, conserva aún tal susto en el cuerpo que no reacciona.

Si algo tienen claro los vecinos es que Younes no pudo llegar hasta allí solo“Son caminos rurales, a veces ni siquiera hay camino. Si no lo conoces, es imposible”, afirma Núria, y recuerda aquella reserva de una habitación en su hotel  “para dos”.

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

 

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