Uno de los islamistas de Ripoll dejó una carta de despedida: “Pido perdón”

mama

La semana pasada, Said Aallaa, uno de los jóvenes yihadistas abatidos en Cambrils, almorzaba en su casa de la localidad gerundense de Ripoll cuando, poco antes de que dieran las tres de la tarde, recibió una llamada. Era de un amigo, según relataron el fin de semana sus familiares

Nunca más volvieron a verle.

Ahora saben que ha fallecido. Lo que desconocían es que, antes de irse, éste guardó unos minutos para despedirse de ellos.

Era viernes, 16.30 horas. ‘Lecheras’ con Mossos d’Esquadra desembarcan en la plaza Gran, ubicada en el centro de la localidad.       Cierran los locales de la zona. Una mujer y su hijo, propietarios de un bar que se encuentra a escasos metros de la casa de Said, son los seleccionados. Pasarían a ser los garantes del registro, para dar fe de todo lo que se encontrase. Un agente les da un par de pasamontañas para no ser reconocidos. Acto seguido, salen a la calle, entran en el número 24 y suben hasta el domicilio.

El registro dura cinco horas, pero ambos testigos salen a las tres horas y media, una vez que los agentes se vuelven a llevar a dependencias policiales a Mohammed Aallaa, hermano de Said, que se había entregado previamente. Éste era el propietario del Audi A3con el que los cinco jóvenes recorrieron los 140 kilómetros que les separaban de Cambrils.

Dentro de la casa se encontraron varios teléfonos móviles, ordenadores y una carta. Estaba en uno de los cajones de la habitación del chico. Escrita por el propio Said. Dirigida hacia sus padres. Sabía lo que iba a suceder aquel jueves por la noche. Un mosso la cogió y la leyó en voz alta delante de todos los presentes para que quedara constancia.

La misiva rezaba así: «Pido perdón a las personas que pueda hacer daño estos días. Muchas gracias por todo lo que me habéis dado». Una despedida por la que los Mossos,al ser preguntados por la misma, han preferido guardar silencio.

Fuentes presenciales en el registro aseguran que «cuando varios agentes sacaron de la casa a Mohammed, el padre ni le miró a la cara cuando éste pasó por su lado. Estaba como avergonzado. Él, junto con la madre, se pusieron rectos y no dijeron nada».

Sigue siendo una incógnita qué método utilizó el iman de Ripoll para acercarse a los jóvenes, pero asiduos a la mezquita aseguran para justificar su ausencia que «los cogía fuera de la misma de uno en uno». «Sobre todo se le veía con Youssef y con Younes (ambos desaparecidos) en el puente blanco de la estación. Pensé que les estaba dando consejos para que cambiaran su forma de vida. Antes se metían coca, se peleaban, fumaban, bebían… pero desde hace más o menos seis meses dejaron de ser problemáticos»,sostiene un ripollés de origen magrebí.

El propio Younes, que ha sido abatido esta tarde en Subirats , experimentó un «cambio radical» según su ex coordinador, cuando trabajaba en una empresa de transformación de planchas. «Sobre todo se encargaba de soldar… Estuvo hasta enero de este año»,  detalla el encargado, que estuvo trabajando con el desaparecido seis meses.

Le define como un joven totalmente adaptado al catalán, muy culto y muy buen trabajador. «Le hablabas de política catalana y te contestaba argumentándotelo todo. Siempre miraba por Cataluña. Decía que era su país y que estaba muy agradecido a esta tierra por cómo le habían acogido. A él y a su familia», recuerda, y añade una conversación que tuvieron antes de que Younes entrara a trabajar.

«Me dijo que los viernes tenía que salir a las 12 sí o sí, me gustase o no. Para poder asistir a la mezquita. El jefe aceptó. Trabajaba bien. Cuando tenía que soldar, se ponía y lo acababa todo. Pero un mes antes de irse empezó a hacer cosas raras. Le decías, ‘suelda estas seis piezas’ y no te las terminaba. Es como si le diera igual. Y un día dijo que se iba. No hace mucho me lo encontré comprando, nos saludamos. Todo bien».

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

Powered by keepvid themefull earn money