“Alguna vez me han gritado pedófilo en la calle por llevar el cuellito”

Nota 2

Así lo afirmó el actual Obispo de Mar del Plata,  Monseñor Gabriel Mestre cuando se refiere a la parte personal de su carrera dentro de la Iglesia Católica. Y después agrega: “A Jesús lo crucificaron y fue el Príncipe de la Paz”.

De la misma manera en que enfrentó toda la nota con “el Retrato….”, se refirió también a algunos temas que hacen a su privacidad. Su encuentro con la fe, la aceptación de su vocación, su familia, su relación con el Papa Francisco. Quién es el nuevo Obispo del que tanto se habla.

  • ¿Cómo fue el momento en que se enteró de este nombramiento el círculo más próximo?
  • Fue el martes a las 7 de la mañana. Martes 18 que se hizo público. Y a partir de ahí, la alegría de todos. Yo lo sabía hacía una semana pero no lo podía decir. Viajé a Buenos Aires a la Nunciatura, sabiendo que probablemente me iban a nombrar Obispo, pero no me dijeron para qué me querían ver. Una vez que viajé, me lo anunciaron y me pidieron reserva hasta que se hizo público.
  • ¿Cómo se es obispo siendo un Padre Gabriel tan metido entre la gente? No hay distancia….
  • Será el mismo trato con el respeto que merece cualquier ser humano, buscando la cercanía. El obispo se elige a través de informes y procesos que se hacen con tiempo, donde distintos sacerdotes de un país están en condiciones de ser obispos y hay muchos más. A partir de estos informes que son secretos e internos, la Nunciatura que es la embajada de la Santa sede en cada país y la Congregación para Obispos van estudiando los casos. Entonces, asistido por el Espíritu Santo, el Papa designa que determinados hombres, débiles y pecadores pero sostenidos por la gracia del espíritu Santo, puedan ser Obispos y los elige en nombre de Dios. El Obispo puede seguir confesando, dando clases. Quizá se pueda perder la cotidianeidad como párroco o las clases no se darán con la asiduidad que veníamos teniendo, pero se darán…
  • ¿Cómo lo recibió su familia?
  • Con mucha alegría. Somos una familia de clase media de Mar del Plata, Fruteros de la calle San Juan. Tres generaciones y es la alegría de una familia muy laburante. Con una fuerte cultura del trabajo, de cristianos  católicos no practicantes. De bautismo y comunión. Yo no vengo de la experiencia de escuela católica. Fui a una primaria y secundaria estatal, soy técnico químico. Hice un  año de servicio social en la universidad mientras trataba de definir mi vocación sacerdotal. Así que lo recibieron con alegría, sorpresa y agradecimiento.
  • ¿Sirve haber caminado las calles desde chico?
  • Creo que ayuda. No es un absoluto. Uno puede venir y puede conocer la idiosincrasia de un lugar y hacer su aporte. Pero ser del lugar, incluso haber tenido la oportunidad de ser vicario de Monseñor Marino, es decir ser segundo del obispo anterior para la terminología secular, me daba la oportunidad de tener el pulso de toda la diócesis. Me tenía que trasladar bastante dentro de Mar del Plata y alrededores, cosa que me permitió conocer la realidad de muchas capillas, comunidades, las situaciones sociales y religiosas, los logros y dificultades de parroquias y escuelas.
  • ¿Cómo surge su necesidad de volcarse al prójimo a través de la Iglesia?
  • Primero, estaba en un grupo misionero de jóvenes que dábamos catequesis y apoyo escolar en la Villa de Güemes. Era fuerte mi experiencia de ver la realidad de la pobreza, por eso, mi primera respuesta fue hacerlo desde el servicio social. Cosa que está muy bien. Una gran carrera. Pero me di cuenta de dos cosas. Que no sólo quería dar respuestas desde el ámbito social, sino que buscaba algo más profundo que tenía que ver con Dios. Entendí que si le podía dar a Dios a las personas, las personas con Dios iban a encontrar la fuerza y el sentido para llevar adelante las situaciones que les tocara afrontar. Y después me di cuenta que lo tenía que hacer con la totalidad de mi corazón y de mi tiempo. Porque lo podría haber hecho como laico. Pero no podía tener el corazón dividido. Lo pensé un tiempo, lo medité, reflexioné sobre las cuestiones que tenía que dejar de lado, como en toda opción. Y tuve 8 años de seminario. A los 19 comenzó mi replanteo y a los 20 ingresé al seminario.
  • ¿Es muy difícil ser sacerdote?
  • Yo soy muy feliz de ser cura. A veces hay acusaciones injustas. Alguna vez me han gritado pedófilo en la calle por llevar el cuellito. En algún punto, lamentablemente, alguno de esos casos han sido verdad y eso es gravísimo. Muchos casos han sido mentira y eso es parte de la virulencia social que vivimos. Pero como cura, es muchísimo más la felicidad que las dificultades. Y la vida de cualquier laico, casado, con hijos, trabajo y familia tiene momentos felices y dolores también. No hay un sacrificio sobre humano en esta elección.
  • ¿Porqué la opinión de la gente es más dura con la Iglesia que con otras religiones?
  • Creo que porque históricamente, tal vez en algunos momentos ha tenido lugar de privilegio que pudo haber ocasionado algún abuso de poder. Pero hoy en día esto no es así. Al contrario. A veces sufrimos alguna consecuencia de sostener un pensamiento. Si vos tenés una postura abortista, por ejemplo, respetá y no agredas al que tiene una postura no abortista. Nos podemos sentar a debatir y pensar distinto. No tenés porqué pintarme la Catedral o romper los vidrios porque pensamos distinto. Por tocar un tema delicado. En eso hay como una exageración donde se pone el foco en esto. Incluso eso, es parte de la tarea. A Jesús lo crucificaron y fue el Príncipe de la Paz. Entonces que nos peguen a veces un cascotazo sin merecerlo, es parte de la función que uno como discípulo de Cristo debe llevar adelante…
  • ¿La gente no necesita ser escuchada? La iglesia parece lejana a veces…
  • Nuestras comunidades están abiertas. En la Catedral hay curas para confesarse prácticamente en todos los horarios. No solo eso. Hay un equipo de laicos que atienden problemas particulares de familias. Hay equipos de profesionales que atienden lo que tiene que ver con los problemas relacionados a la droga. Por ahí quien plantea que la Iglesia no escucha, no conoce o no está yendo. En cualquier parroquia o capilla hay servicio de Cáritas. Yo recorro a las tres de la tarde los barrios y encuentro gente que trabaja y entrega su vida por los más pobres, aún siendo muy pobres. No comparto esto de que en la Iglesia no se encuentra acompañamiento o escucha. En muchas comunidades, de parte de sacerdotes y diáconos están ahí. Los catequistas, que de manera totalmente gratuita y desinteresada, porque no cobran, están muy comprometidos. Tenemos el servicio Sacerdotal de Urgencia (Tel: 495-9966) para atender un enfermo grave o algún fallecido. Hay un sacerdote desde las 22 horas hasta las 6 de la mañana y atiende el teléfono con un equipo de laicos que ayudan en esa tarea.
  • ¿Se comunicó con Francisco?
  • Hasta ahora no., En septiembre hay un curso para obispos nuevos y no sé si me tocará asistir este año o el año que viene. No sé cuándo viajaré a estar en contacto con el Papa.
  • ¿Seguirán en el camino de la sencillez del diálogo?
  • Seguiremos en ese camino. Somos muy pocos curas. Pero el gran maestro es Francisco. Nos compromete en un lenguaje directo, llano, autentico. Verdadero. No demagógico. Y eso se los pido a mis sacerdotes, diáconos, catequistas. Un lenguaje profundo, del evangelio, pero cercano y directo. Es lo que logra el Papa en nuestra sensibilidad argentina y universal también.
  • Francisco pide que recemos por el ¿Pide usted lo mismo?
  • Lo hacía antes, lo he pedido como sacerdote y lo pido ahora. Sin ser copión del Papa o demagógico, los que tenemos fe sabemos que para funciones tan públicas y visibles necesito la gracia de Dios. Para que las decisiones que tome sean entendidas como lo que son. Pido que recen por mí más que nunca.

 

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