China silencia a las potencias occidentales en derechos humanos

china1

Desde que se supo que el disidente chino y premio Nobel de la Paz 2010, Liu Xiaobo agonizaba en un hospital de Shenyang víctima de un cáncer de hígado terminal, cientos de activistas, organizaciones internacionales y ciudadanos de a pie pidieron sin éxito a las autoridades chinas, las mismas que en 2009 le condenaron a 11 años de cárcel por “incitar a la subversión del Estado” con sus escritos, a que actuaran con humanidad y le dejeran salir del país para ser tratado en el extranjero.

Pero pese al clamor internacional, ni uno solo de los líderes occidentales -a excepción de la alemana Angela Merkel– se refirió públicamente a la situación del activista. Sólo dieron sus condolencias públicas cuando hoy saltaba la noticia de su fallecimiento.

Su silencio se tornó ensordecedor durante la pasada cumbre del G-20 celebrada en Hamburgo (Alemania), donde ninguno de los presentes osó sacar a colación el sensible asunto de Liu en sus conversaciones con el presidente chino, Xi Jinping.

“El tamaño y la importancia de la economía china, con todo lo que eso implica, hace que el resto (de países) sean ahora mucho más cuidadosos a la hora de plantearle a Pekín cuestiones sobre los derechos humanos”, destacó el experto de la Universidad de Londres, Steve Tsang, al diario hongkonés ‘SCMP’. “El Partido Comunista chino (PCCh) siente que las potencias extranjeras no tienen ningún derecho a presionar en lo que considera que son sus asuntos internos”, añadió.

Hay numerosos ejemplos de cómo, conforme el poder y la influencia de China no para de crecer en todo el mundo, cada vez más países se muestran reacios a criticar a Pekín por miedo a sufrir represalias. Uno de esos casos se produjo en junio, cuando Grecia vetó la condena por parte de la Unión Europea (UE) en la ONU del historial de derechos humanos de China, una decisión que se atribuye a las enormes inversiones realizadas por el gigante asiático en el país heleno (incluida la compra del puerto ateniense de El Pireo). Otro fue la reciente negativa del primer ministro noruego, Erna Solberg, a comentar los llamamientos a la liberación de Liu, algo achacable a los seis años que estuvo Pekín sin mantener relaciones diplomáticas con su país como castigo a la concesión del Nobel al activista en 2010.

Sin embargo, hoy la canciller alemana volvió a alzar la voz apenada sobre la muerte de Liu Xiaobo: “Lamento la muerte de Liu Xiaobo, el valiente combatiente a favor de los derechos humanos y la libertad de expresión”, tuiteó el portavoz de Merkel, Steffen Seibert, en nombre de Merkel. El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, no sólo dio sus condolencias, también pidió la liberación de la mujer del Premio Nobel 2010.

A pesar de estos gestos, cuando Xiaobo estaba vivo y apresado, hubo otras muestras más sutiles sobre ese silencio internacional, como la rápida reducción en el número de condenas públicas emitidas por los países cada 4 de junio (fecha del aniversario de la matanza de Tiananmen de 1989) o el hecho de que la mayoría de gobiernos europeos eviten desde hace años -sobre todo desde la crisis financiera global de 2008- mantener contactos directos con el Dalai Lama para no enfurecer a los líderes comunistas.

Además, no todo es achacable a su poderío económico, dado que la creciente importancia de Pekín en el escenario global influyen en muchos otros campos. “Debido a cuestiones como la seguridad, el desafío de Corea del Norte, el terrorismo o la cooperación económica, los líderes no están dispuestos a plantearle problemas de derechos humanos a China y se ven obligados a llegar a compromisos para suavizar sus posturas en esos temas“, aseguró el veterano activista chino, Hu Jia.

Con respecto a Liu, varios gobiernos occidentales sí que se han referido a su situación, aunque de manera cautelosa y sin involucrar a sus principales dirigentes. Fue el caso del ministerio de Exteriores francés, que el pasado día 29 de junio dijo estar “preocupado” por el estado de Liu y pidió a China que lo liberara por razones humanitarias; de los portavoces de las delegaciones británica y de la UE en Pekín, que también solicitaron que se permita al intelectual elegir el sitio donde desea ser tratado; o de la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, también intercedió esta semana por la mujer de Liu, Liu Xia, que lleva siete años de arresto domiciliario sin cargos.

Pero aunque en el pasado China sí que ha dado muestras de responder a la presión internacional, como pasó con el disidente político Wei Jingsheng en 1997 o el de la ginecóloga Gao Yaojie en 2007 (ambos pudieron ir a EEUU), esta vez no dio su brazo a torcer y Liu Xiaobo no murió en libertad.

Durante los últimos días, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Geng Shuang, insistió en la idea de que el caso de Liu, un “criminal” para su Gobierno, es un “asunto interno” sobre el que el resto de países no debería interferir. Más duro se mostró el diario nacionalista ‘Global Times’, portavoz del ala dura del PCCh, que aseguró en un editorial que el país “no tiene la obligación de cumplir con las irrazonables demandas” que llegan del exterior. “China condenó a Liu a 11 años de cárcel de acuerdo con la ley, pero algunas fuerzas occidentales le exaltan como a un héroe e incluso le concedieron el Nobel de la Paz. La desavenencia no ha sido sanada hasta ahora. La China de hoy es más fuerte y segura, y no cederá a la presión occidental”, aseguró. Y la muerte de Liu demuestra que no lo ha hecho.

Powered by keepvid themefull earn money