La verdad oculta de la pueblada que sacudió al barrio López de Gomara

Casilla2

Lo que sucedió en el barrio López de Gomara no fue un hecho policial mas, ni una lucha entre bandas o diferencia entre vecinos. Fue una parte de la sociedad marplatense, autóctona y nativa, dueña de sus casas, liderada por mujeres casi amazonas que se jugaron la vida por el futuro de sus hijos.

Lo que no hicieron los políticos ni los jueces, y quizá mucho menos los fiscales, lo hicieron estos vecinos, y que solamente acompañó cojonudamente un grupo de policías de la provincia de la provincia de Buenos Aires, cuyo máximo exponente ha sido el comisario, el oficial de calle y los agentes de la comisaría sexta. Velaron por la seguridad pública, por el derecho de propiedad y por sobre todo se enfrentaron al maldito estigma del menudeo de narcotráfico.

El viernes 9 de junio quizá deba quedar en nuestro consciente colectivo como la fecha en que ese grupo de vecinos de un barrio dijo BASTA. La policía había perseguido a tres delincuentes que se escondieron en Necochea al 6800, que no es una “villa” sino que son lotes tomados por un grupo de delincuentes vinculados con el narcotráfico, que operaban con otros usurpadores de lotes con frente a la calle Nasser (se conecta por el interior)  y con ocupantes ilegales que han construido un “bunker” sobre la misma calle Necochea, espacio de uso público, en su intersección con la calle Ortega, pegado al añoso ombú de más de cien años.

Una vecina, que nos contaba que cuando construyó su casa en la esquina de Necochea y Nasser, hace 40 años, plantó un cipres y un almendro que trajo en una lata de duraznos, hoy árboles adultos e imponentes, fue la que lideró esta pueblada, que consistió en cerrar las calles aledañas a las propiedades usurpadas, impidiendo el paso de los más de cien autos que diariamente concurrían a comprar drogas a esos “bunkers”, dos de los cuales aún están, pero con nula actividad. (el de Nasser entre Necochea y la vía, y el de la calle apoyada en el viejo ombú).

Algunos funcionarios políticos y hasta judiciales pretendieron hacer creer que estos usurpadores eran “vecinos” con algún tipo de derecho, cuando la historia real es que en el año 2006 un grupo de inversores del puerto organizado por un conocido martillero de esa zona y fomentista, adquieren a la sucesión de Horacio Temistocles Diana y doña Ana María Benini la cantidad de 45 lotes, que se escrituran el 26 de julio de ese año en la escribanía titular del Registro 58, y luego se urbanizan, se cercan, se amojonan y se ponen a la venta, muchos de los cuales fueron luego adquiridos por hijos de vecinos del barrio y beneficiarios del Procrear, donde fueron construyendo sus casas. Todos estos lotes sin excepción tienen sus propietarios legítimos, aun cuando desde la época de las usurpaciones, se han incoado juicios de resoluciones, intrusiones y reivindicaciones (los más recientes: juzgado 13 expediente 31700, juzgado 14 expediente 15291 y juzgado 10 expediente 43798) y con gran cantidad de denuncias penales, todas las cuales han sido archivadas por las fiscalías involucradas imponiendo a sus propietarios titulares de dominio a recurrir a la justicia civil.

Lógicamente que más de 14 lotes no pudieron ser vendidos por las usurpaciones, y desde esas fechas sus legítimos propietarios pretenden recuperarlos con lentas y parsimoniosas acciones judiciales. Mientras tantos los usurpadores utilizaron esas ubicaciones para desarmadero de autos de dudosa procedencia, cobraban peaje a los vecinos para acceder a sus casas (se llegaba a retirarles de las bolsas parte de las compras del supermercado) y luego la impunidad manifiesta ante la falta de controles llevó a ser un centro de venta de drogas, con la inseguridad que ello conllevaba a los vecinos que desde toda la vida habitaban la zona. Por eso cerraron las calles, no durmieron durante una semana, exigieron la presencia policial y judicial y de acción social, esta última dependencia en la voz de su Secretaria Vilma Baragiola informó que no intervendría ni se involucraría “hasta tanto Legal y Técnica pasara los oficios pertinentes …?”.

La propia fiscal de la causa al tomar conocimiento de las presuntas acciones civiles de desalojo y reivindicación incoada en los estrados civiles por los propietarios de los terrenos pretendió ordenar el archivo de la causa, en plena efervescencia, con menores en riesgo, trata de personas y venta de drogas.

Si bien permanece en el lugar un móvil policial de la cuadrícula, hoy el lugar está calmo y tranquilo, alambrado y los vecinos pueden transitar con seguridad y sin que les cobren peajes, o algún automovilista desconcertado les pregunte donde se vende “merca”, pero esto no lo hizo el estado que nos cobra impuestos, ni los políticos que hablan y hablan, ni los funcionarios que cobrar fortunas mensuales de sueldos. Lo hicieron un grupo de mujeres con los ovarios mejor puestos que todos los demás y no quieren en su barrio, en sus casas, en sus veredas ni en sus calles personas corruptas pretendiendo corromper la paz social.

No quisieron estas madres y estos padres ser asociados silentes de distintos poderes del gobierno que mira para otro lado, por miedo, por incompetencia o por complicidad. Sacaron la basura de su frente y se jugaron por ello.

No obstante aún queda trabajo por hace: sacar la casilla construida sobre la calle.

A.M.

 

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