Rajoy sorprende a Iglesias al preguntarle que haría con el referéndum de Cataluña si fuera presidente

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«Aquí se acaba su recorrido. Usted no puede ser presidente», con esta frase,Mariano Rajoy, durante su turno de respuestas a Pablo Iglesias, enumeró una lista de razones para sustentar esta afirmación pero una de ellas fue la más contundente: «La primera obligación es defender la unidad de España y la soberanía nacional».

Rajoy no ve que el líder de Podemos con su apología de la «plurinacionalidad», del «país de países» y del «derecho a decidir» cumpla los requisitos.

El presidente logró en este apartado, el del reto independentista, acorralar a un Iglesias incapaz de explicar con claridad su posición sobre el referéndum ilegal que plantea Cataluña.

Pero la Cámara Baja,  hubo más.

Mucho más.

Ocho horas de debate cara a cara entre el tándem Montero-Iglesias y Rajoy. Ocho horas de reproches y acusaciones durísimas. Corrupción, robo, saqueo, soberbia, caciquismo, machismo fueron las palabras lanzadas como dardos por la portavoz de Podemos y, después por el propio Iglesias, contra el Gobierno y el PP.

Ida y vuelta, durante ocho horas, los clásicos “ Y tú más”, que iban y venían como si de un boomerang, se tratara. de vuelta: oportunismo, farsa, parodia, destrucción, hostigamiento, fracaso, letal.

Todo ello en boca de Rajoy contra el intento fallido del partido morado por arrebatarle el sillón de La Moncloa enarbolando el eslogan que pronuncióMontero: «La democracia se abre paso».

Pablo Iglesias ocupó la tribuna durante dos horas y 50 minutos para exponer, en principio, el programa de gobierno que propone para el país. Tan larga fue la intervención -no hay ningún precedente similar en la historia democrática delCongreso– que sus propuestas se diluyeron como azucarillos a medida que corría el reloj.

Previamente, la portavoz de su partido había consumido otras dos horas con una catarata de reproches al PP, muchos de ellos atinados pero también perdidos en buena medida en el aluvión de sus palabras.

Del  discurso de Irene Montero, quedó una frase para la memoria: «La corrupción tiene sede, Génova 13». A la pareja de Iglesias, le tocó el papel de azote del PP por su largo rosario de duros términos para referirirse a dirigentes del PP, llamándolos,   corruptos, tramposos, imputados y condenados. Su intervención gustó más, por su potencia, que la de su jefe de filas.

Para Iglesias quedaba reservado el rol de estadista, el discurso propositivo, y a juzgar por las palabras que le dedicaron la mayoría de los portavoces que intervinieron luego , no logró convencer. «Usted no es alternativa», le espetaronAna Oramas de Coalición Canaria o Aitor Esteban del PNV, dos formaciones que han pactado con el Gobierno los Presupuestos Generales del Estado.

Tampoco desde el PSOE obtuvo aliento. El portavoz socialista, José Luis Ábalos, intervendrá este miércoles, pero  desde sus filas ya se rechazaba sin contemplaciones la oferta de «entendimiento» que les lanzó el líder de Podemosdesde la tribuna para «sacar al PP del Gobierno más temprano que tarde». El nuevo PSOE, liderado por Pedro Sánchez, no se fía de un Iglesias que pretende cortocircuitarlo y hoy lo pondrá de manifiesto. En opinión de los socialistas,Iglesias se dirigió sólo a su parroquia y tras su mano tendida sólo vieron un remedo del «beso de Judas», mientras algunos recordaban que se pudo desalojar a Rajoy, si Podemos se hubiera abstenido en la votación que habría permitido llegar a Pedro Sánchez a la Moncloa.

El aspirante a presidente intentó también arrastrar a su lado a los nacionalistas catalanes del PDeCAT, pero tampoco lo logró. Y ahí, en ese empeño, reveló algunas de sus cartas en relación con el desafío secesionista, el reto político de mayor envergadura que afronta hoy el Estado. Sus palabras sí sonaron bien en los oídos de ERC a los que elogió por su «decencia» y por ser «verdaderos demócratas». También gustó su intervención a la representante de Bildu.

Iglesias se manifestó a favor «de la democracia, del derecho a decidir y de un referéndum pactado en Cataluña», algo que se produciría de inmediato si él asumiera la Presidencia del Gobierno, tal y como aseguró en el curso del debate.

Iglesias asegura que haría una consulta pactada con la Generalitat

Y esto para Mariano Rajoy es anatema y razón más que suficiente para no dar ni un milímetro de confianza al líder de Podemos, porque implica saltarse de plano los principios fundamentales de la Constitución.

Es por ello, entre otras razones, por las que el presidente aseguró que la moción de censura presentada contra él en realidad encierra otro objetivo: «acabar con la estabilidad de España». «Por eso», afirmó, «su anunciado fracaso es la mejor noticia para el país. España gana y ustedes pierden».

Para Rajoy, un Gobierno de Pablo Iglesias «sería letal para el Estado del bienestar y para el modelo de convivencia» y no sólo por sus propuestas radicales sino, ante todo, porque en su opinión, el proyecto de Podemos parte de un «trampantojo» que intenta presentar una España de «leyenda negra», de «degradación institucional», de «parasitación», en el que «la trama» campa a sus anchas, pero que, insistió, no se compadece con la realidad. «Usa la moral», llegó a reprocharle, «como un estropajo abrasivo y pretende dividir el mundo en buenos y malos».

El presidente, no obstante, se vio obligado a admitir que en las filas del PP ha habido casos «muy graves» de corrupción, pero también tachó de «calumnia» el intento de Podemos de presentar a todo el partido y a todos los miembros del Gobierno como ejemplos de deshonestidad..

Rajoy empleó datos de sobra conocidos: el ritmo de crecimiento, la creación de empleo, los niveles de inversión… y los contrapuso a la herencia que recibió a finales de 2011. Y ahí acusó a Podemos no sólo de no querer reconocer nada de lo hecho, sino además pretender revertirlo con un modelo que en varias ocasiones comparó con el de Venezuela.

«No puedo compartir», le espetó a Iglesias, «su forma de entender España ni el futuro de los españoles. A usted no le gusta nuestra democracia, ni la Transición, ni la recuperación, ni la Constitución».

Para el presidente hoy quedó claro que Podemos con su moción pretende atraer los votos que  perdió en   las pasadas elecciones e intentar arrebatarle el espacio político a un PSOE que, dijo, empieza a recuperarse.

En su opinión, no lo logrará porque, afirmó, «cuanto más se les conoce menos se les vota. Por fortuna para España».

Hugo Barze – Corresponsal en Europa

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