Reprimen manifestación contra el hambre en Venezuela con gases lacrimógenos

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La muerte de un joven discapacitado herido de bala se suma a las 64 víctimas mortales de la ola de protestas

Las fuerzas gubernamentales llenaron con “gas del bueno”, como lo bautizó Hugo Chávez, las ollas vacías que los opositores venezolanos han sacado hoy para protestar por la falta de alimentos que golpea hoy al país. Policías y militares acompañaron las habituales granadas y bombas lacrimógenas con perdigones y gas pimienta para impedir una marcha pacífica que pretendía recorrer el oeste de Caracas.

“La Guardia nos disparó (perdigones) directo al cuerpo”, protestó el diputado Miguel Pizarro, uno de los líderes al frente de la manifestación. Varios jóvenes resultaron heridos con estos proyectiles, pese a que el Gobierno insiste en que no se usan. Luisa Ortega, la fiscal rebelde, ha exigido que cese la represión violenta con estas armas.

La Unidad Democrática volvió a reclamar la apertura de un canal humanitario para alimentos y medicinas, que el gobierno de Nicolás Maduro se niega a permitir, pese a figurar en los acuerdos alcanzados en la Mesa del Diálogo del año pasado, con la presencia del Vaticano y del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero como facilitadores.

Las ollas vacías están realmente muy vacías. La llamada “dieta Maduro” ha conseguido que dos terceras partes del país hayan adelgazado una media de ocho kilos en un solo año. Tan vacías que ni siquiera los niños reciben una buena alimentación en un país donde la comida cuesta un precio disparatado por culpa de la mayor inflación del planeta (los precios suben en torno al 700% anual) y donde la escasez y el desabastecimiento son el peor rostro de una economía que lleva cuatro años en recesión.

Una investigación de Cáritas alertó al mundo sobre los niveles alarmantes de desnutrición en los estados más poblados del país, donde al menos el 25% de los niños sufren de desnutrición aguda. Entre los niños menores de un año, la desnutrición es severa para el 20%. Venezuela es el país con mayores reservas petroleras del planeta.

Las mismas ollas vacías que salieron el viernes a protestar con fiereza en La Vega, barrio popular de Caracas, otrora bastión chavista que hoy no quiere saber nada de Maduro porque la comida no llega, falla el agua y tampoco hay gas. La Policía Bolivariana y la Guardia Nacional se emplearon a fondo, incluso con allanamientos de viviendas comandados por el Servicio de Inteligencia Bolivariano (Sebin), para llevarse a jóvenes que hicieron retroceder a los mastodontes metálicos con la puntería de sus piedras. Grupos vecinales denunciaron la detención de cerca de 80 jóvenes, entre manifestantes y otros que se encontraban en sus hogares.

Mano dura y armada contra el pueblo que se transforma en un guante de seda para tratar con los colectivos revolucionarios, grupo radicales conformados por paramilitares, ex agentes y funcionarios activos. El viernes tomaron Catia, otra zona popular, con la fuerza de sus armas, amenazando a los comerciantes y trancando las calles. Exigían la renuncia de Luisa Ortega, fiscal general, que ha ordenado la detención de los acusados de asesinar a “protestantes” y transeúntes. A la policía solo le faltó aplaudir a los paramilitares.

Precisamente son los colectivos los principales sospechosos de cometer el último asesinato en el marco de las protestas: Yoiner Peña (28 años), joven sordomudo, víctima mortal número 64, según la Fiscalía, en 64 días de rebelión. A Yoiner el primer balazo se lo pegaron durante una protesta los colectivos revolucionarios el 10 de abril, según la denuncia efectuada por Alfredo Ramos, alcalde de Barquisimeto.

El segundo “balazo” se lo dio la Venezuela de 2017, sin medicamentos ni insumos y con los hospitales colapsados. El país donde el 90% de los enfermos mueren con dolor, porque no hay morfina, según reveló el cirujano Vladimir Galavis ante la Asamblea Nacional.

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