El “Yo… argentino” y la excusa de algún día, pero después

“No desearlo todo para sí; quitarse algo de sí para que toquen a igual parte todos, es valor que parece heroico, a juzgar por el escaso número de los que dan prueba de él” (José Martí -1853/1895-, pensador, político, periodista, filósofo, y escritor cubano, máximo símbolo de las aspiraciones cubanas de independencia)
Parece una utopía lo del artífice intelectual de unos de los movimientos revolucionarios más importantes del siglo XIX; un deseo prehistórico en un mundo y, sobre todo en la Argentina, donde los valores sociales, respeto y solidaridad, se han degradado hasta su mínima expresión.
¿Cómo pedirle a un ser humano, y argentino él, que mire a su alrededor, a otros seres humanos, y argentinos ellos, y los escuche? Y si le pedimos ese “esfuerzo” conocemos la típica respuesta: “Yo… argentino”
YO NO FUI
Fue “yo… argentino” después que la hiperinflación se cobró el primer gobierno pos-dictadura; fue “yo… argentino” después de la quimera del “uno a uno” y del “voto cuota” y la caída en desgracia del segundo y tercer presidente (el mismo) elegido por el voto popular, aunque hoy ya no queda quien haya metido su boleta en la urna (pregunto: ¿se habrán muerto todos los que sí lo hicieron?).
Y así siguen las firmas identificadas con el lavatorio de aquel prefecto de Roma en Judea, Poncio Pilatos.
Como continuó la frase tras la caída del cuarto presidente de la democracia, después de una crisis sangrienta en lo humano y descomunal en lo económico. Y aquí llegamos al punto: pocos, muy pocos, recuerdan el costo humano, ni siquiera protagonistas o responsables, de algún modo directos, de esas jornadas: sí, en cambio, las consecuencias nefastas para los bolsillos.
Lo que vino después es lo que todos conocemos, algunos aplaudiendo, otros abucheando. ¿Para qué desmenuzarlo hoy, sin el riesgo de infringir la veda electoral? Total, el lunes 26 de octubre, será el momento oportuno para el triste “yo… argentino”. O quizá se postergue para noviembre, vaya uno a saber…
Eso de suspender de forma provisoria la muletilla lavamanos, quizá se otorgue por piedad y sólo para la política y los políticos, aunque nos canse bastante escuchar o ver a tal o cual prometernos lo que nos prometieron otros muchas veces antes.
MUCHA PRÁCTICA
En fin, nos entrenaremos para el “yo… argentino” en lo cotidiano. Por ejemplo, en el desenfrenado tránsito, pasando semáforos en rojo, tirarle el auto al caminante que cruza la esquina, estacionando en la ochava o en la senda peatonal, manejando y hablando por celular, ir casi a paso hombre por la izquierda (oh! reminiscencias de los 20/30 del siglo pasado cuando los autos eran británicos y tenían el volante a la derecha), piloteando una moto “de onda” o un más proletario ciclomotor, sin casco y con demencia, ignorando la prioridad de paso del que llega a una esquina por derecha o está en una rotonda, y muchísimos etcéteras más.
Nota al margen: en materia de tránsito, el de la derecha no es necesariamente “facho” y el de la izquierda puede no ser “zurdo”
Lo cierto es que el “yo… argentino”, está ganando la partida y al mismo tiempo perdiendo la del respeto por el prójimo, con quien en definitiva comparte eso que se denomina sociedad. Una sociedad conformada por seres humanos, el que todos, absolutamente todos, tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Sí, es cierto, es una frase hecha esa de los derechos y obligaciones. Tan hecha como antigua, pero confío en que uno, dos o tres, o más, piensen y actúen. No para satisfacer egos, sino con el único fin de asumir nuestras responsabilidades y no derivarlas a los gobernantes, del signo político que fueran, a los que después nadie votó.
Los argentinos elegimos al octavo presidente –reelecciones incluidas- desde el restablecimiento de la democracia. Sepa el pueblo votar. Otra frase hecha. Perdón, pero la vengo utilizando desde hace cincuenta años, cuando era una verdadera fiesta el día de las elecciones. Fiesta que nos duraba menos que un peso de los de hoy. Aparecían los “iluminados” de cada época y así nos fue. Entonces nosotros mismos creíamos que construíamos nuestro futuro, futuro que ya llegó. La realidad, no la de hoy sino la de la propia historia del país que vivimos, nos demostró lo equivocados que estábamos.
VOTAR Y DISCERNIR
A veces, de las equivocaciones surge el camino correcto, pero mientras sigamos pensando y actuando como si fuéramos el único habitante de este difícil mundo, nos faltará algo para sentirnos plenos: el necesario respeto por la vida en sociedad.
Prefiero al “sepa el pueblo votar”, el “sepa el pueblo discernir” al elegir. Quizá, esta vez, terminemos con lana y no trasquilados.
Cada quien que llegue, por el medio que sea, al cuarto oscuro, que lo haga con el convencimiento que está solo con su conciencia y que es absolutamente libre en su decisión.
Menuda pero saludable tarea, ¿no?
caoelretrato@live.com.ar

Powered by keepvid themefull earn money