La culpa es del otro

Como si el debate fuera si es correcto mostrarlo.
Si hiere a la susceptibilidad ajena. Si corresponde.
Si es mejor taparle la cara. El cuerpo. Los ojos.
Como si el debate fuera de quién es la responsabilidad del hecho periodístico en sí.
Como si la responsabilidad puntual de los que tuvieron que ver, nos fuera ajena.
Como si se tratara solamente de España. De África. De Europa. De Estados Unidos. De América.
Como si no se tratara de todos nosotros.
Como si quedara lejos.
Como si no fuera el mismo cuerpo, la misma cara, los mismos pies del chico de la esquina.
Morirse a cada vuelta de la esquina.
Arrinconados contra la falta de solidaridad de “otros” que nos rodean, que son responsables de todo lo malo que le sucede al mundo.
Morirse con los pies descalzos, calzados por algunos de los que somos buenos, e involucramos todo aquello que nos sobra.
Morirse acá. Allá. A diez minutos del centro. En la periferia de cualquier ciudad.
Morirse de frío. Oyendo el paso apurado de los que pasamos por la vereda, mientras nos preguntamos -indignados- cómo puede ser posible que nadie se haga responsable, que nadie se ocupe, que los dejen estar así, a la intemperie de cualquier invierno.
Es otro el responsable de todo. Siempre es otro: Una persona. Un partido político. Un estado. Un país. Un continente.
Nosotros no tenemos nada que ver. Porque somos buenos, pagamos nuestros impuestos, cumplimos con lo que hay que cumplir. Nosotros tenemos que debatir las cosas más serias, las más importantes.
Si mostramos a ese bebé muerto. Si corresponde. Si eso está de acuerdo con nuestras teorías, con nuestras justificaciones y con todo lo que cualquier otro pensará de nosotros después de nuestra decisión.
Nosotros no tenemos nada que ver con esa muerte. Ni con las guerras, ni con el hambre, ni con la persecución, ni con la globalización, ni con el consumo, ni con la exclusión, ni con el sálvese quien pueda. No tenemos que ver con la falta de solidaridad, ni con el “no te metás”, ni con lo efímero, las mentiras ni las muertes.
Son otros.
Otros que viven lejos, que son crueles, que son indiferentes, que no les importa nada, que cierran las fronteras, que privilegian el propio ombligo, que olvidan el bien común, que son trepadores, consumistas, egocéntricos. Otros que tienen poder, que tienen armas, que tienen barcos, aviones, dólares, euros, pesos.
Nosotros somos buenos.
Pobre mundo en manos de esta gente mala. Que inventa fronteras, leyes, normas. Que segrega, que roba, que viola, que mata. Pobre mundo en manos de tantos otros que están tan lejos.
Como si el debate fuera si es correcto mostrarlo.
Como si esos otros no estuvieran también adentro nuestro…
Por Mónica Lence.

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