“Estamos dialogando para convertirnos en un partido Yrigoyenista y Alfonsinista”

Después de la Revolución de 1890 y cuando Mitre pacta con Julio A. Roca, Alem se siente traicionado y le agrega el adjetivo Radical al de Unión Cívica, para diferenciarla del pacto hecho por el régimen en contra de la “Causa” de los desposeídos. A partir de ese momento, la adjetivación es sustantiva, porque lo “Radical” se convierte en constitutivo de una identidad.
Esa primera contradicción fundamental que expresa Leandro Alem de la Causa contra el Régimen, se va a repetir a lo largo de las décadas y se va a expresar como Patria o Colonia con Perón, Pueblo o anti pueblo con Alfonsín y Democracia o Corporaciones con Cristina. Pero en definitiva, son los mismos intereses de las oligarquías o de los grupos concentrados de la economía que se enfrentan a los intereses del pueblo y que se expresan brutalmente en la puja por la redistribución de la riqueza.
El primer radicalismo, el de Alem, se caracterizó por sus consignas irreductibles: abstención revolucionaria e intransigencia.
Con esos principios se fue consolidando una fuerza política que reclamaba derechos civiles y políticos para los excluidos y que por vía de los levantamientos en algunos casos y negándose a convalidar el fraude en otras, prefirió abstenerse y no participar de las elecciones hasta tanto no se garantizara el sufragio universal.
Antes de suicidarse, Alem dejó una frase que marcaría el rumbo radical durante décadas: que se rompa pero que no se doble. Lo que significaba que era preferible quebrar la estructura política, dar un portazo renunciando a ella, antes que doblarse para entregar los principios.
Esa intransigencia respecto de los valores a defender, le hizo ganar al radicalismo la voluntad ciudadana, convirtiéndose en el primer partido popular moderno con Hipólito Yrigoyen a la cabeza.
Hoy, por primera vez en su larga historia y sin ningún atisbo de abstención revolucionaria o de intransigencia, el radicalismo llega a las elecciones de octubre sin candidato en las fórmulas, habiendo acordado con el heredero natural del régimen oligárquico que conformaban Mitre y Roca, me refiero a Mauricio Macri, para que lo represente.
Este acuerdo político puede convertirse en el certificado de defunción de un partido con 124 años de historia, ya que terminó pactando con los herederos de aquellos grupos contra los cuales alumbró su razón de ser.
Algunos militantes decidimos romper para no doblarnos y lo digo con el mayor de los respetos para los que de buena fe se quedaron, pero el desenlace se veía venir.
Creamos Concertación Forja, rescatando los valores Yrigoyenistas de Arturo Jauretche, Homero Manzi, Scalabrini Ortiz y Raúl Alfonsín. Nos sumamos desde nuestras raíces y con nuestra historia al Frente para la Victoria, porque desde el 2003, muchas de las políticas iniciadas por Alfonsín se cristalizaron en estos 12 años, pero haciendo nuestras también las banderas históricas del Peronismo como la Justicia Social, la Independencia económica y la Soberanía Política.
Sin ser caprichosos en la interpretación de los procesos políticos, uno puede trazar paralelismos entre el gobierno popular de Raúl Alfonsín y los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner .
Juicio a las Juntas como condición necesaria para la reanudación de los juicios de lesa humanidad; Plan Alimentario Nacional y Asignación Universal por Hijo; Ley de divorcio y patria potestad compartida con ley de matrimonio igualitario y ley de género; Plan Nacional de Alfabetización con la Ley de financiamiento educativo que establece un mínimo del 6% del P.B.I para el sector; el antecedente del Mercosur como culminación en la Unasur; el intento de crear el club de deudores y la renegociación de deuda externa de 2005 con una quita histórica; creación del grupo de apoyo a Contadora como mirada latinoamericanista y la mediación de Unasur en conflictos como el de Venezuela con Colombia, y los intentos destituyentes de Bolivia o Ecuador.
La lista está incompleta, a algunos le puede parecer disparatado, pero los grandes partidos de la Argentina nos han dado en estos años su versión popular y su versión conservadora.
Alfonsín planteó con su gobierno la contradicción: Democracia-Corporaciones, aún sin enunciarla explícitamente.
En efecto, él se enfrentó a la corporación militar cuando todavía era muy fuerte y había marcado el ritmo del país por más de 50 años.
Los militares derrocaron a Yrigoyen y a Perón, condicionando además a todos los gobiernos electos hasta 1983. Los sentó frente a los jueces ordinarios, los juzgó por crímenes de lesa humanidad, los subordinó al poder político como representación de la voluntad popular. Avanzó y retrocedió, pero sus acciones fueron fundamentales para el imperio definitivo de la Constitución.
Se enfrentó a los grupos económicos, fue silbado y denostado por los dueños de la tierra y cómplices de los dictadores en la Sociedad Rural y fue derrocado políticamente por un golpe de mercado que lo obligó a adelantar la entrega del mandato, seis meses antes que lo que marcaba la legalidad del país.
Finalmente, los éxitos o fracasos de una gestión dependen de multiplicidad de factores, pero sus principios rectores son los que marcan las dos grandes avenidas por donde transitan las ideas políticas de nuestro país: la causa contra el régimen, patria o colonia, pueblo anti pueblo, democracia o corporaciones.
Hoy, nada de esto está representado por el radicalismo oficial. Por eso, para que no se siga doblando, FORJA, – Partido Nacional con presencia en todo el país, liderado por Edgardo Díaz en la Ciudad de Mar del Plata y el Movimiento Nacional Alfonsinista, – MNA -, que encabeza Leopoldo Moreau, estamos dialogando para fusionar nuestras estructuras y convertirnos en un futuro inmediato, en un partido Yrigoyenista y Alfonsinista, que desde nuestra historia política, continúe en la ancha avenida del campo nacional y popular. (Por Dr. Gustavo López Presidente Mesa Nacional – Partido de la Concertación FORJA).

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